Me pides que diga como eres
Cuando sabes que junto a ti
Sólo respiro perfumes
De rosas y claveles.
Te contemplo y siento que eres eterna
Como eterno es el sol.
Eres el ave prodigiosa que inspira.
Eres el Ángel que camina sobre la tierra
Para que los hombres sepan que es el Amor.
Qué dulce, qué hermosa, que grata
Ha de ser la existencia del hombre
Que logre aprisionar tu corazón.
¡Tu corazón! … ¿Cómo será tu corazón?
¿Tal vez como el rojo rubí?
¿Tal vez como el sol que ciega a quien lo mira?
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lunes, 6 de diciembre de 2010
miércoles, 2 de diciembre de 2009
Afuera Sopla el Viento
"Nosotros debemos a las edad media las dos peores invenciones de humanidad
el amor romántico y la pólvora."
André Maurois
“Afuera sopla el viento,
el viento del invierno que levanta polvo de nieve…”
Bernardo de Troisson, trovador (circa 1175)
La reina Leonor de Inglaterra se emociona con la canción. Piensa que ya hace tres años ese joven trovador suspira por su amor y que debe hacer algo por él.
Se levanta, se acerca a Bernardo mirándolo a los ojos, y lo besa en la boca. El desdichado, al que el deseo ha atormentado desde hace treinta y seis meses, le hace comprender a la reina con un gran suspiro que necesita algo más para encontrarse mejor.
Las habitaciones de Leonor no están lejos. Ella se muestra comprensiva...
Durante su estancia en Poitiers, Leonor vuelve a reunir la corte de amor que formara ya en Poitiers, antes de convertirse en reina de Inglaterra. Esta corte, en la que figuran una veintena de damas, algunos trovadores y varios caballeros conocidos por su galantería con las damas, examina problemas amorosos y dicta sentencias, basándose en el código del amor, del que extraemos algunos de sus treinta y un artículos:
El matrimonio no es una excusa legítima contra el amor.
Quien no sabe callar, no puede amar.
Nadie puede tener dos relaciones a la vez.
El amor debe siempre aumentar, no disminuir.
No hay ningún sabor en los placeres que un amante oculta al otro sin su consentimiento.
En amor, el amante que sobrevive al otro debe guardarle la viudedad durante dos años
El amor nunca se hospeda en la casa de la avaricia.
La facilidad del disfrute disminuye su precio, la dificultad lo aumenta.
Cuando el amor disminuye, pronto acaba; pocas veces se recupera.
El verdadero amante siempre es tímido.
Nada impide que una mujer sea amada por dos hombres, ni que un hombre sea amado por dos mujeres.
Las preguntas que la Corte de Amor debe responder, a menudo resultan muy sabrosas. Una de las preguntas favoritas de Leonor y que ella siempre plantea es:
“¿Puede existir verdadero amor entre marido y mujer?”
Espera con ansías renovadas la respuesta. La sentencia del jurado del tribunal de su Corte de Amor no se hace esperar:
“Por unanimidad decimos y afirmamos que el amor no puede implantar sus derechos entre dos personas casadas. En efecto, los amantes se lo dan todo, mutuamente y gratuitamente, sin ser obligados por ningún motivo de necesidad, mientras que los esposos deben recíprocamente soportar sus voluntades y les es obligatorio el no negarse nada ... ”
Esta es una sentencia sabia, ya que complace a ambos, Enrique II el Rey de Inglaterra y a su Reina, Leonor. Ambos tienen sobrados motivos para sentirse satisfechos.
Ahora la Corte de Amor de Leonor tiene que resolver el siguiente problema:
“Un caballero requiere de amores a una dama a la cual no logra convencer. Le manda algunos honestos regalos que la dama acepta. A pesar de ello, ésta no disminuye su habitual severidad. Él se queja de haber sido engañado por una falsa esperanza que le ha dado la tal señora al aceptar los regalos”.
La sentencia es la siguiente:
“Es preciso que una dama, o bien rehúse aceptar los regalos que se le hacen para conquistarla, o bien que pague la recompensa, si los acepta. Si lo hace sin dar nada a cambio, debe sufrir el verse incluida en la categoría de simple cortesana”.
Algunas de las preguntas resultan hoy muy extrañas. Esta, por ejemplo:
“Una señorita que tiene una relación amorosa con un caballero, se casa con otro; ¿tiene derecho a rechazar al antiguo amante o debe seguir concediéndole sus favores?”
He aquí la admirable respuesta que emite el jurado:
“El advenimiento del lazo matrimonial no excluye de derecho al primer compromiso, a menos que la dama rechace el amor y declare hacerlo para siempre”.
Con tal sentencia se aprecia cuán falseada ha sido por los románticos la visión de los trovadores y el sentido real del amor cortesano.
Cuando Leonor vuelve a Londres, se lleva con ella una última canción de Bernardo, que todavía no está repuesto de su triunfo, que ha tardado tres años en conseguir:
“Ella no puede negarme su amor ahora.
Yo seré capaz de recordar por siempre
De ella y de sus actos tengo testimonios dentro de mí…”
Lo cual es de gran gentileza, pero de poca discreción
En el transcurso de diez años, Leonor pasa más tiempo en Poitiers que en Londres. No sólo a causa de Bernardo y de su corte de amor, sino porque además se ocupa con ardor y con mucha inteligencia del manejo de sus dominios aquitánicos.
Además, el estar lejos de su esposo, el Rey Enrique II de Inglaterra con el cual ya no se entiende, no le desagrada en absoluto.
Bibliografía:
http://en.thinkexist.com/quotation/We_owe_to_the_Middle_Ages_the_two_worst/221682. html
http://www.rencentral.com/feb_mar_vol2/lovemarriage.shtm
TOWNSEND WARNER, George & MARTEN, C. H. K., The Groundwork of British History (London, 1923)
FRASER, Antonia, editor, The Lives of the Kings & Queens of England, (Weinfeld and Nicolson, England, 1975)
el amor romántico y la pólvora."
André Maurois
“Afuera sopla el viento,
el viento del invierno que levanta polvo de nieve…”
Bernardo de Troisson, trovador (circa 1175)
La reina Leonor de Inglaterra se emociona con la canción. Piensa que ya hace tres años ese joven trovador suspira por su amor y que debe hacer algo por él.
Se levanta, se acerca a Bernardo mirándolo a los ojos, y lo besa en la boca. El desdichado, al que el deseo ha atormentado desde hace treinta y seis meses, le hace comprender a la reina con un gran suspiro que necesita algo más para encontrarse mejor.
Las habitaciones de Leonor no están lejos. Ella se muestra comprensiva...
Durante su estancia en Poitiers, Leonor vuelve a reunir la corte de amor que formara ya en Poitiers, antes de convertirse en reina de Inglaterra. Esta corte, en la que figuran una veintena de damas, algunos trovadores y varios caballeros conocidos por su galantería con las damas, examina problemas amorosos y dicta sentencias, basándose en el código del amor, del que extraemos algunos de sus treinta y un artículos:
El matrimonio no es una excusa legítima contra el amor.
Quien no sabe callar, no puede amar.
Nadie puede tener dos relaciones a la vez.
El amor debe siempre aumentar, no disminuir.
No hay ningún sabor en los placeres que un amante oculta al otro sin su consentimiento.
En amor, el amante que sobrevive al otro debe guardarle la viudedad durante dos años
El amor nunca se hospeda en la casa de la avaricia.
La facilidad del disfrute disminuye su precio, la dificultad lo aumenta.
Cuando el amor disminuye, pronto acaba; pocas veces se recupera.
El verdadero amante siempre es tímido.
Nada impide que una mujer sea amada por dos hombres, ni que un hombre sea amado por dos mujeres.
Las preguntas que la Corte de Amor debe responder, a menudo resultan muy sabrosas. Una de las preguntas favoritas de Leonor y que ella siempre plantea es:
“¿Puede existir verdadero amor entre marido y mujer?”
Espera con ansías renovadas la respuesta. La sentencia del jurado del tribunal de su Corte de Amor no se hace esperar:
“Por unanimidad decimos y afirmamos que el amor no puede implantar sus derechos entre dos personas casadas. En efecto, los amantes se lo dan todo, mutuamente y gratuitamente, sin ser obligados por ningún motivo de necesidad, mientras que los esposos deben recíprocamente soportar sus voluntades y les es obligatorio el no negarse nada ... ”
Esta es una sentencia sabia, ya que complace a ambos, Enrique II el Rey de Inglaterra y a su Reina, Leonor. Ambos tienen sobrados motivos para sentirse satisfechos.
Ahora la Corte de Amor de Leonor tiene que resolver el siguiente problema:
“Un caballero requiere de amores a una dama a la cual no logra convencer. Le manda algunos honestos regalos que la dama acepta. A pesar de ello, ésta no disminuye su habitual severidad. Él se queja de haber sido engañado por una falsa esperanza que le ha dado la tal señora al aceptar los regalos”.
La sentencia es la siguiente:
“Es preciso que una dama, o bien rehúse aceptar los regalos que se le hacen para conquistarla, o bien que pague la recompensa, si los acepta. Si lo hace sin dar nada a cambio, debe sufrir el verse incluida en la categoría de simple cortesana”.
Algunas de las preguntas resultan hoy muy extrañas. Esta, por ejemplo:
“Una señorita que tiene una relación amorosa con un caballero, se casa con otro; ¿tiene derecho a rechazar al antiguo amante o debe seguir concediéndole sus favores?”
He aquí la admirable respuesta que emite el jurado:
“El advenimiento del lazo matrimonial no excluye de derecho al primer compromiso, a menos que la dama rechace el amor y declare hacerlo para siempre”.
Con tal sentencia se aprecia cuán falseada ha sido por los románticos la visión de los trovadores y el sentido real del amor cortesano.
Cuando Leonor vuelve a Londres, se lleva con ella una última canción de Bernardo, que todavía no está repuesto de su triunfo, que ha tardado tres años en conseguir:
“Ella no puede negarme su amor ahora.
Yo seré capaz de recordar por siempre
De ella y de sus actos tengo testimonios dentro de mí…”
Lo cual es de gran gentileza, pero de poca discreción
En el transcurso de diez años, Leonor pasa más tiempo en Poitiers que en Londres. No sólo a causa de Bernardo y de su corte de amor, sino porque además se ocupa con ardor y con mucha inteligencia del manejo de sus dominios aquitánicos.
Además, el estar lejos de su esposo, el Rey Enrique II de Inglaterra con el cual ya no se entiende, no le desagrada en absoluto.
Bibliografía:
http://en.thinkexist.com/quotation/We_owe_to_the_Middle_Ages_the_two_worst/221682. html
http://www.rencentral.com/feb_mar_vol2/lovemarriage.shtm
TOWNSEND WARNER, George & MARTEN, C. H. K., The Groundwork of British History (London, 1923)
FRASER, Antonia, editor, The Lives of the Kings & Queens of England, (Weinfeld and Nicolson, England, 1975)
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sábado, 3 de octubre de 2009
Amoresd Reales
Amores Reales
Eleanor of Aquitaine
Víctima de las Noches Orientales
En Provenza nace la dama y, con ella, la sociedad cortesana y el amor cortesano. Provenza es la tierra de Eleanor de Aquitania , nieta de aquel primer trovador, Guillermo de Poitiers.
Eleanor de Aquitania & Louis de Francia
Qué pareja tan despareja forman Louis y Eleanor. Louis, es un débil joven rubio, de ojos azules, no muy agraciado. De acuerdo a los cánones de la época, como el hijo más joven, ha sido educado en un monasterio pues su destino es seguir el camino eclesiástico. Un instruido y excepcionalmente hombre devoto, Louis está mejor preparado para la vida monacal que para la vida real. Él se convierte en heredero al trono de Francia inesperadamente después de la muerte accidental de su hermano mayor, Felipe, en 1131.
Eleanor es una adolescente vivaz, enamorada del amor y atraída por los paladines que pululan por las cortes. Precozmente enamorada de su tío Raymundo, sufre horrores cuando éste es parte hacia Antioquia en misión militar. Pero es una hija obediente. Respetando el deseo de su padre moribundo, Eleanor se casa el 22 de julio de 1137, con Louis de Francia El Joven - segundo hijo del rey de Francia, Louis El Gordo y de Adélaide de Maurienne - cuando apenas tiene 15 años.
Una vez celebrado el casamiento en Burdeos, el serio y flemático príncipe vuelve a sus viejos intereses religiosos. Eleanor, ya princesa de Francia Eleanor es su reina.
En 1137 la reina del sur, joven y vital, llega a un París que es arcaico, bárbaro y primitivo comparado con el mundo rico y lujoso de las ciudades de Aquitania.
En aquél Paris, los reyes ocupan el ala occidental de un oscuro palacio, en cuyo extremo oriental está la sede del arzobispado. No muy lejos se encuentran algunas iglesias viejas, estrechas y oscuras, la casas de los judíos y el barrio de los estudiantes. Enfrente, en la orilla izquierda del Sena, se hallan las escuelas. La vida es ruidosa y agitada. Es mucha la suciedad, la basura y por consiguiente, las enfermedades.
Apenas instalada en Paris, la flamante reina impone poco a poco los temas de los trovadores y las costumbres galantes de su amada Aquitania. Tiene la frescura de la juventud, la insolencia de la belleza y la independencia que le brinda la cuantiosa fortuna heredada de su difunto padre. Se regodea ante la pacatería de las matronas de la época y se place con el entusiasmo de las jóvenes de su séquito mientras retoza seduciendo a jóvenes caballeros de la corte.
Así en poco tiempo las esposas de los grandes señores comienzan a llevar una vida de grandes lujos entre sus damas de honor, sus pajes y sus trovadores. Los trovadores son juglares instruidos e inteligentes, capaces ellos mismos de escribir sus canciones en lugar de copiarlas de otros. Algunas veces el rey Louis VII tiene asomos de poeta, aunque lo más corriente es que asista a estas diversiones con aire indiferente o irónico. Es en estas reuniones, digamos cortes en miniatura, que Eleanor desarrolla, esencialmente por juego, primero la concepción y más tarde el verdadero código del amor cortesano.
La doctrina del Amor Cortesano.
El enamorado, joven, hermoso, rico, de buena cuna, se halla ligado a su amada por obligaciones que recuerdan las del vasallo hacia su soberano.
Debe servirla dócilmente, sin esperanza de recompensa y, si es preciso, morir por ella. El enamorado es discreto y no se delata más que con las miradas, la timidez y el rubor; no declarará su amor sino en el caso de que la dama le anime a ello. Es una pasión intelectual que no busca necesariamente la satisfacción de los sentidos.
Eleanor, mujer total, dictamina que ese amor debe elevar el alma del hombre que lo experimenta, dar a su vida un por qué y conducirlo a realizar las más locas tareas. En cuanto a la dama, basta con que haya concedido algunos minutos de conversación, una sonrisa, o algún objeto de uso particular.
Por otra parte, la dama suele no ser libre para conceder otros favores, ya que está casada (esta es la situación de Eleanor, casada con Louis VII); además, este amor cortés, como los poetas se encargan de aclarar, no puede existir entre marido y mujer, quienes tienen que concederse por obligación aquello que de otra forma sólo llega a obtenerse, eventualmente, haciendo méritos durante largo tiempo.
Las normas del Amor Cortesano son un Código tan elaborado como los jardines en donde los enamorados galantean a su dama. De acuerdo con las normas, el romántico caballero debe ser, ante todo, cortés. Por mucho tiempo que la dama le niegue sus favores, él debe seguir cortejándola sin desmayar.
De tal manera se crean las Cortes del Amor, que ciertamente no son tribunales. Eleanor ha elaborado de tal manera la trama de esta doctrina que la misma se presta a intrigas largas y complicadas, a discusiones casi jurídicas, siendo lo esencial en cada caso, saber quién tiene la razón, si el enamorado o la dama. Cuando un debate amoroso llega a ser demasiado arduo, Eleanor establece que debe convocarse a una gran dama, a veces incluso a la propia Reina (ella en este caso), para que actúe como árbitro. Ésta responde por escrito explicando, de mil maneras, los motivos de su decisión.
Cuando Eleanor, después de unos años, se traslada a Poitiers - tierra de su abuelo y que ella ha heredado – convierte a su corte en lo que puede llamarse Escuela Superior del Arte Cortesano dentro de la vida de toda la Europa occidental. Futuros reyes y reinas, duques y princesas se forman según el modelo impuesto por esta excepcional mujer, y hacen luego de sus cortes copias de las de ella. Eleanor ha sido la primera y más grande reina, mujer fuerte y apasionada que perdura en el recuerdo, rodeada de un aura de gloria y de lujuria.
Quien y cómo era Eleanor de Aquitania
Eleanor de Aquitania nació alrededor del año 1122. Falleció el 1º de abril de 1204 a la edad de 82 años en tierra francesa. Fue la reina consorte de dos de los más poderosos monarcas del Medioevo: Louis VII de Francia (desde 1137 a 1152) y de Enrique II de Inglaterra (desde 1152 a 1204). Aunque Enrique murió en 1189, ella conservó su título de reina consorte hasta su muerte.
Eleanor, bella adolescente de 14 años, poseía unos ojos verdes de tal magnetismo que los caballeros que la miraban se sentían fuertemente emocionados y algunos trovadores le habían dedicado ya ardientes versos, cosa que encantaba a la adolescente pues ella también empezaba a tener en cuenta a los hombres con mal disimulado interés.
Lejos estaba Eleanor en pensar en casarse a tan temprana edad. Pero una mañana del año 1137 la joven fue informada de la muerte de su padre, el duque Guillermo III de Poitiers, duque de Aquitania, uno de los más poderosos caballeros de Francia.
Encargado de dar tan triste noticia fue Godofredo III, arzobispo de Burdeos. También el eclesiástico dijo a la ahora joven duquesa que Guillermo de Poitiers, temiendo que su ducado fuera presa de algunos ambiciosos barones, había mandado embajadores a Ile-de-France, con objeto de pedir al rey Louis VI protección para sus herederas Eleanor y Alicia, su hermana menor. Además el duque había rogado a los embajadores que comunicaran al rey que su último deseo era casar a su hija mayor, Eleanor con Louis el Joven, hijo del rey francés.
La adolescente palideció al saber los deseos de su padre. Casarse con un hombre del Norte le daba miedo, pero la idea de convertirse en el futuro en reina de Francia le agradaba sobremanera. En cuanto a Luis VI, el Gordo, éste fue muy feliz cuando se enteró del deseo de Guillermo de Poitiers. Casar a su hijo con la poderosa heredera de Aquitania era un gran negocio, no obstante que los territorios serían siempre propiedad de Eleanor.
Así, unas semanas más tarde el heredero de la corona llegaba a Burdeos. Tenía 17 años, una hermosa cabellera rubia, ojos azules y un aire candoroso. Eleanor se sintió complacida. Le sonrió y sus ojos verdes brillaron de tal manera que el príncipe se sintió conmovido. Fue un flechazo de amor por ambas partes.
Al día siguiente se celebró el matrimonio en la basílica de San Andrés en Burdeos.
Inmediatamente después de la ceremonia, los jóvenes esposos partieron para Paris donde los esperaba Louis VI.
Se dice que su noche de bodas no fue en Burdeos después de la ceremonia, sino en algún lugar del camino hacia Paris… Pero, desgraciadamente, el joven Louis no tenía ninguna experiencia. Eleanor tuvo que insistir y él demostró ser un mezquino amante.
Bella, caprichosa y adorada por Louis, Eleanor ejerció considerable influencia sobre él, incitándolo a emprender peligrosas aventuras. Desde 1147 a 1149 Eleanor acompañó a Louis en la Segunda Cruzada. La conducta de la reina durante esta expedición, especialmente en la corte de su tío Raimundo de Poitiers en Antioquia, despertó los celos de Louis y marcó el comienzo del distanciamiento de la pareja.
Eleanor era una mujer fuerte que pudo afirmar su independencia debido a sus posesiones territoriales y la cuantiosa herencia recibida de su padre; pero después que se conocieron las aventuras de Eleanor durante la Segunda Cruzada, la Iglesia oficialmente descorazonó a las mujeres gobernantes de hacer votos de ir a las Cruzadas. Sin embargo las mujeres continuaron acompañando a los hombres a las guerras, como la hermana y la esposa de Ricardo Corazón de León hicieron en la Tercera Cruzada, pero ellas avanzaron en un forma privada. Las únicas mujeres que la Iglesia oficialmente aprobaba para la parte del ejército de los Cruzados eran las lavanderas. ¿Por qué las lavanderas? Ellas jugaban un papel vital lavando la ropa para prevenir los piojos de los cobertores, y eran mujeres normalmente demasiado viejas para ser una tentación para los hombres.
Eleanor víctima de las noches orientales
Louis VII era cobarde. Cobarde para amar y cobarde para luchar. Entonces, ¿cómo es que emprendió una aventura tal como la Segunda Cruzada?
Todo es explicable. Y esta gesta heroica del rey Louis VII de Francia tiene explicación.
Leonor había traído a su hermana Alicia, un año menor que ella, a la Corte de Francia.
La joven era graciosa y su sangre cálida. Bien pronto comenzó a mirar a los jóvenes condes que frecuentaban el palacio. Su aspecto de niña precoz sedujo al buen mozo de Raoul de Vermandois. Una noche ella fue a su habitación y se convirtió en su amante. El placer de los amantes fue tan poco discreto que nadie pudo dormir esa noche en el castillo.
Al día siguiente, el timorato rey llamó a Raoul y le echó una reprimenda por su comportamiento. Raoul un poco avergonzado, murmuró que se casaría con la ardiente Alicia. Pero Raoul estaba casado con Gilberto de Champagne… así que decidió repudiar a su mujer aduciendo que como eran primos su boda era un sacramento prohibido por la Iglesia.
Siendo esta historia pura invención, la misma no prosperó. Pero Eleanor deseaba que su hermana fuera feliz, así que ayudó a los amantes.
¿Cómo?
Dos meses más tarde, un concilio formado por amigos de Eleanor declaraba ilícita la unión de Raoul con Gilberta y aquél se casó con Alicia.
Pero Gilberta no era mujer temerosa. Se quejó ante su tío, Teobaldo de Champagne, quien enfurecido al ver como la Corte de Francia trataba a su sobrina, declaró la guerra a Louis VII. Hubo violentos combates entre los dos ejércitos. Louis VII sitió Vitry y, en un momento de furia, ordenó incendiar la ciudad. Mil trescientas personas murieron quemadas.
Al recobrar su sangre fría sintió grandes remordimientos por tal hecho. Como era un cobarde, Louis reprochó a Eleanor y a su hermana ser ambas el origen de esa guerra.
A su regreso a París, se confesó con San Bernardo, quien le sugirió como penitencia que fuera a combatir contra los infieles a Palestina. Louis decidió que Eleanor lo acompañara a Jerusalén.
¿Tan enamorado estaba de ella?
No, pero estaba celoso y conocía la fogosidad de la reina. Por lo tanto creyó prudente llevar a su mujer a Jerusalén. Pobre rey Louis, nadie le había prevenido sobre los desastrosos efectos de las cálidas noches de Oriente sobre las mujeres
…… …… …… …….
El 1 de junio de 1147 los reyes partieron hacia Tierra Santa, acompañados por numerosos caballeros. ¿Sólo caballeros? Eleanor de Aquitania, emprendió la cruzada al lado de su primer marido Louis VII de Francia escandalizando a Europa: llevó 300 de sus mujeres vestidas como las amazonas y mil caballeros de su ducado en los ejércitos de la Segunda Cruzada. Aunque ella insistió que las mujeres fueron solamente para "cuidar los heridos". Atravesaron Alemania, Belgrado, Bizancio, embarcaron en Efeso y en la primavera de 1148 llegaron a Antioquia. Raimundo de Guyena, tío de Eleanor, era el Príncipe de la ciudad. Recibió magníficamente a los soberanos en su espléndido palacio, y se mostró muy galante con su sobrina… Y la sobrina se estremeció al comparar el aspecto físico de su esposo con la de su tío Raimundo con su bella cabeza erguida, montando un caballo que parecía más grande que lo normal, y sus manos sobre el pomo de la silla. Raimundo era rey y guerrero, Louis era débil y cobarde.
El calor agobiaba a Eleanor de tal manera que no podía dormir de noche. Los afrodisíacos efectos del clima y la indiferencia de Louis, quien la había dejado dormir sola desde su salida de Francia, despertaron la naturaleza dormida de la reina de Francia.
En una de las tantas noches vigilia de Eleanor, un hombre entró furtivamente en su habitación.
¿Quién fue el misterioso amante que abandonó la real alcoba antes del alba?
¿Un infiel? ¿Un cruzado que no pudo resistir su deseo? ¿El tío Raimundo? ¡Misterio Sea como fuere, Eleanor tuvo a la mañana siguiente un aspecto tan radiante que despertó las sospechas del rey. De vez en cuando, el príncipe Raimundo tenía entrevistas particulares con su sobrina
Se dice que una noche Raimundo y Eleanor estaban hablando – quizá de los negocios que el tío tenía en Siria – muy cerca el uno de la otra cuando el rey entró de repente.
Los celos de Louis se potenciaron pues se sabía un marido engañado. La acusó de tener un comportamiento indigno de una reina. Más que eso, el comportamiento de Eleanor no era de una reina sino de una prostituta, le grita Louis al momento de ordenarle que lo acompañe de regreso hacia Jerusalén, viaje que harían de inmediato.
Eleanor no acepta la orden de su esposo y lo desafía abiertamente: ¿era más importante para Louis su comportamiento como reina que como esposa? ¿Era Louis más Rey que esposo?
Eleanor era antes que reina, mujer; Louis antes que hombre era rey.
Ella se siente mujer y como tal víctima de un hombre poderoso a quien ella ya no ama: el Rey. El Rey, Louis, le ordena salir de Antioquia junto con él. Ella se opone pero él no sólo ordena sino recrimina. Le grita que ella olvida muy fácilmente que es su esposa.
Este discurso de marido despechado despierta en Eleanor un sentimiento negativo. Se siente víctima de un poderoso y siente que aquello es una injusticia, ya que él le exige que ella sea su mujer cuando él desde hace tiempo ha olvidado ser su hombre
Por eso su reacción es cruel, impiadosa. Ella actúa cruelmente para neutralizar la crueldad de Louis, quien la calificó de mujer viciosa, hija de una familia de perros incestuosos. Este argumento le dio a Eleanor la respuesta capaz de dañar, asombrar y sorprender a Louis, que era la castidad en persona. Le dice que ellos eran parientes en un grado prohibido por la Iglesia y que su lecho era sacrílego.
El pobre rey palideció intensamente pues era muy respetuoso con las leyes de la Iglesia y sólo vio una salida: el divorcio. Solución que Eleanor aceptó de inmediato ya que ella se siente casada con un monje no con un rey
Después de la discusión, Louis y Eleanor volvieron a sus respectivas habitaciones. Esa noche fue una noche excepcional para Leonor: durmió sola, sin ninguna compañía masculina. Al día siguiente la pareja real, junto con sus tropas, dejan Antioquia rumbo a Jerusalén.
Eleanor extrañaba las noches voluptuosas de Antioquia y estuvo varios días sin hablar con su marido. Luego cambió de parecer y hasta le sonrió en Jerusalén. Louis, que estaba profundamente lastimado en su virilidad, aprovechó la ocasión para visitar a la reina en su cuarto. Ella lo recibió con los brazos abiertos.
Pero esa noche de placer no cambió las intenciones de Louis quien deseaba divorciarse de Leonor.
El Abad Suger, regente del reino en ausencia de Louis VII, era muy buen político. Cuando se enteró de los deseos del Rey pensó, asustado, que si los reyes se divorciaban, Eleanor recuperaría los territorios que había aportado como parte de su dote. Y para hacer las cosas peor, Eleanor sólo tenía 25 años, podría volver a casarse y con algún enemigo de Francia. Por lo tanto el Abad, dejando de lado sus escrúpulos religiosos, aconsejó al Rey que no se divorciara hasta su regreso a tierras francesas.
Louis decidió esperar y cuando la real pareja se detuvo en Roma, el Papa, prevenido por Suger, les dijo que entre ellos no existía problema de consanguinidad y su matrimonio era válido. Louis, quien estaba muy enamorado de Eleanor, se puso muy contento y celebró de inmediato una nueva boda. Esa noche puso tal esfuerzo en el lecho que después de algunas semanas se enteró que la reina estaba embarazada. Los cruzados volvieron a Francia y la reina dio a luz a una niña. Durante algunos meses fue una esposa modelo…
Pero Louis no fue un esposo modelo. Louis VII era un rey escrupuloso y piadoso. La corte de Rey francés era la más reluciente en el mundo occidental, Louis VII y su esposa Eleanor de Aquitania simplemente habían vuelto de la cruzada. Ellos lograron cumplir un sueño ambicionado por otros príncipes. Eleanor, de 28 años de edad era una belleza famosa quizá por ser la más bella de su tiempo.
Louis, su marido, se puso después de la cruzada más religioso y acético en su carácter, mientras que ella era cada vez más coqueta y ligera de espíritu. Su matrimonio no era fácil.
Eleanor dio a Louis VII dos hijas en 14 años de matrimonio, pero la ausencia de un heredero, un hijo varón hacía pensar a Louis que no sería mala idea replantearse la posibilidad de un divorcio. Su reino estaba antes que su matrimonio, su deber de rey estaba antes que su papel de esposo.
Virtudes muy meritorias en un gobernante, pero un tanto aburridas en un marido que, para colmo de males, era celoso. Eleanor aburrida y siempre empujada por su deseo de seducir y complacer – ó complacerse – cometió imprudencias con jóvenes señores invitados a palacio. Se mostraba tan frívola que nuevamente el rey sintió celos. Un día tuvo la certeza de que Eleanor tenía un amante, ¿o varios?
Louis, enojado, no habló con Suger sino con un grupo de obispos amigos suyos y enemigos de Suger. Estos obispos aseguraron al rey que había consanguinidad y que el matrimonio era nulo. A la muerte de Suger se reúne un concilio en Beaugency y en marzo 1152 se anuló el matrimonio.
Eleanor estaba en Blois y fue muy feliz cuando se enteró de la noticia Estaba harta de ese marido demasiado escrupuloso y piadoso, que pasaba sus días rezando y vigilándola. Además ella podría realizar su sueño: con algunos trovadores y algunas mujeres hermosas organizaría una corte de amor
De acuerdo a las costumbres feudales, Eleanor retuvo para ella las posesiones de Aquitania. Así es que la joven princesa, que poseía un tercio de Francia, tuvo muy pronto numerosos pretendientes. Para huir de ellos se refugió en su castillo de Poitiers.
El 18 de mayo de 1152 empieza otra historia para Eleanor de Aquitania. Pero esta historia será tema de una próxima entrega.
Eleanor of Aquitaine
Víctima de las Noches Orientales
En Provenza nace la dama y, con ella, la sociedad cortesana y el amor cortesano. Provenza es la tierra de Eleanor de Aquitania , nieta de aquel primer trovador, Guillermo de Poitiers.
Eleanor de Aquitania & Louis de Francia
Qué pareja tan despareja forman Louis y Eleanor. Louis, es un débil joven rubio, de ojos azules, no muy agraciado. De acuerdo a los cánones de la época, como el hijo más joven, ha sido educado en un monasterio pues su destino es seguir el camino eclesiástico. Un instruido y excepcionalmente hombre devoto, Louis está mejor preparado para la vida monacal que para la vida real. Él se convierte en heredero al trono de Francia inesperadamente después de la muerte accidental de su hermano mayor, Felipe, en 1131.
Eleanor es una adolescente vivaz, enamorada del amor y atraída por los paladines que pululan por las cortes. Precozmente enamorada de su tío Raymundo, sufre horrores cuando éste es parte hacia Antioquia en misión militar. Pero es una hija obediente. Respetando el deseo de su padre moribundo, Eleanor se casa el 22 de julio de 1137, con Louis de Francia El Joven - segundo hijo del rey de Francia, Louis El Gordo y de Adélaide de Maurienne - cuando apenas tiene 15 años.
Una vez celebrado el casamiento en Burdeos, el serio y flemático príncipe vuelve a sus viejos intereses religiosos. Eleanor, ya princesa de Francia Eleanor es su reina.
En 1137 la reina del sur, joven y vital, llega a un París que es arcaico, bárbaro y primitivo comparado con el mundo rico y lujoso de las ciudades de Aquitania.
En aquél Paris, los reyes ocupan el ala occidental de un oscuro palacio, en cuyo extremo oriental está la sede del arzobispado. No muy lejos se encuentran algunas iglesias viejas, estrechas y oscuras, la casas de los judíos y el barrio de los estudiantes. Enfrente, en la orilla izquierda del Sena, se hallan las escuelas. La vida es ruidosa y agitada. Es mucha la suciedad, la basura y por consiguiente, las enfermedades.
Apenas instalada en Paris, la flamante reina impone poco a poco los temas de los trovadores y las costumbres galantes de su amada Aquitania. Tiene la frescura de la juventud, la insolencia de la belleza y la independencia que le brinda la cuantiosa fortuna heredada de su difunto padre. Se regodea ante la pacatería de las matronas de la época y se place con el entusiasmo de las jóvenes de su séquito mientras retoza seduciendo a jóvenes caballeros de la corte.
Así en poco tiempo las esposas de los grandes señores comienzan a llevar una vida de grandes lujos entre sus damas de honor, sus pajes y sus trovadores. Los trovadores son juglares instruidos e inteligentes, capaces ellos mismos de escribir sus canciones en lugar de copiarlas de otros. Algunas veces el rey Louis VII tiene asomos de poeta, aunque lo más corriente es que asista a estas diversiones con aire indiferente o irónico. Es en estas reuniones, digamos cortes en miniatura, que Eleanor desarrolla, esencialmente por juego, primero la concepción y más tarde el verdadero código del amor cortesano.
La doctrina del Amor Cortesano.
El enamorado, joven, hermoso, rico, de buena cuna, se halla ligado a su amada por obligaciones que recuerdan las del vasallo hacia su soberano.
Debe servirla dócilmente, sin esperanza de recompensa y, si es preciso, morir por ella. El enamorado es discreto y no se delata más que con las miradas, la timidez y el rubor; no declarará su amor sino en el caso de que la dama le anime a ello. Es una pasión intelectual que no busca necesariamente la satisfacción de los sentidos.
Eleanor, mujer total, dictamina que ese amor debe elevar el alma del hombre que lo experimenta, dar a su vida un por qué y conducirlo a realizar las más locas tareas. En cuanto a la dama, basta con que haya concedido algunos minutos de conversación, una sonrisa, o algún objeto de uso particular.
Por otra parte, la dama suele no ser libre para conceder otros favores, ya que está casada (esta es la situación de Eleanor, casada con Louis VII); además, este amor cortés, como los poetas se encargan de aclarar, no puede existir entre marido y mujer, quienes tienen que concederse por obligación aquello que de otra forma sólo llega a obtenerse, eventualmente, haciendo méritos durante largo tiempo.
Las normas del Amor Cortesano son un Código tan elaborado como los jardines en donde los enamorados galantean a su dama. De acuerdo con las normas, el romántico caballero debe ser, ante todo, cortés. Por mucho tiempo que la dama le niegue sus favores, él debe seguir cortejándola sin desmayar.
De tal manera se crean las Cortes del Amor, que ciertamente no son tribunales. Eleanor ha elaborado de tal manera la trama de esta doctrina que la misma se presta a intrigas largas y complicadas, a discusiones casi jurídicas, siendo lo esencial en cada caso, saber quién tiene la razón, si el enamorado o la dama. Cuando un debate amoroso llega a ser demasiado arduo, Eleanor establece que debe convocarse a una gran dama, a veces incluso a la propia Reina (ella en este caso), para que actúe como árbitro. Ésta responde por escrito explicando, de mil maneras, los motivos de su decisión.
Cuando Eleanor, después de unos años, se traslada a Poitiers - tierra de su abuelo y que ella ha heredado – convierte a su corte en lo que puede llamarse Escuela Superior del Arte Cortesano dentro de la vida de toda la Europa occidental. Futuros reyes y reinas, duques y princesas se forman según el modelo impuesto por esta excepcional mujer, y hacen luego de sus cortes copias de las de ella. Eleanor ha sido la primera y más grande reina, mujer fuerte y apasionada que perdura en el recuerdo, rodeada de un aura de gloria y de lujuria.
Quien y cómo era Eleanor de Aquitania
Eleanor de Aquitania nació alrededor del año 1122. Falleció el 1º de abril de 1204 a la edad de 82 años en tierra francesa. Fue la reina consorte de dos de los más poderosos monarcas del Medioevo: Louis VII de Francia (desde 1137 a 1152) y de Enrique II de Inglaterra (desde 1152 a 1204). Aunque Enrique murió en 1189, ella conservó su título de reina consorte hasta su muerte.
Eleanor, bella adolescente de 14 años, poseía unos ojos verdes de tal magnetismo que los caballeros que la miraban se sentían fuertemente emocionados y algunos trovadores le habían dedicado ya ardientes versos, cosa que encantaba a la adolescente pues ella también empezaba a tener en cuenta a los hombres con mal disimulado interés.
Lejos estaba Eleanor en pensar en casarse a tan temprana edad. Pero una mañana del año 1137 la joven fue informada de la muerte de su padre, el duque Guillermo III de Poitiers, duque de Aquitania, uno de los más poderosos caballeros de Francia.
Encargado de dar tan triste noticia fue Godofredo III, arzobispo de Burdeos. También el eclesiástico dijo a la ahora joven duquesa que Guillermo de Poitiers, temiendo que su ducado fuera presa de algunos ambiciosos barones, había mandado embajadores a Ile-de-France, con objeto de pedir al rey Louis VI protección para sus herederas Eleanor y Alicia, su hermana menor. Además el duque había rogado a los embajadores que comunicaran al rey que su último deseo era casar a su hija mayor, Eleanor con Louis el Joven, hijo del rey francés.
La adolescente palideció al saber los deseos de su padre. Casarse con un hombre del Norte le daba miedo, pero la idea de convertirse en el futuro en reina de Francia le agradaba sobremanera. En cuanto a Luis VI, el Gordo, éste fue muy feliz cuando se enteró del deseo de Guillermo de Poitiers. Casar a su hijo con la poderosa heredera de Aquitania era un gran negocio, no obstante que los territorios serían siempre propiedad de Eleanor.
Así, unas semanas más tarde el heredero de la corona llegaba a Burdeos. Tenía 17 años, una hermosa cabellera rubia, ojos azules y un aire candoroso. Eleanor se sintió complacida. Le sonrió y sus ojos verdes brillaron de tal manera que el príncipe se sintió conmovido. Fue un flechazo de amor por ambas partes.
Al día siguiente se celebró el matrimonio en la basílica de San Andrés en Burdeos.
Inmediatamente después de la ceremonia, los jóvenes esposos partieron para Paris donde los esperaba Louis VI.
Se dice que su noche de bodas no fue en Burdeos después de la ceremonia, sino en algún lugar del camino hacia Paris… Pero, desgraciadamente, el joven Louis no tenía ninguna experiencia. Eleanor tuvo que insistir y él demostró ser un mezquino amante.
Bella, caprichosa y adorada por Louis, Eleanor ejerció considerable influencia sobre él, incitándolo a emprender peligrosas aventuras. Desde 1147 a 1149 Eleanor acompañó a Louis en la Segunda Cruzada. La conducta de la reina durante esta expedición, especialmente en la corte de su tío Raimundo de Poitiers en Antioquia, despertó los celos de Louis y marcó el comienzo del distanciamiento de la pareja.
Eleanor era una mujer fuerte que pudo afirmar su independencia debido a sus posesiones territoriales y la cuantiosa herencia recibida de su padre; pero después que se conocieron las aventuras de Eleanor durante la Segunda Cruzada, la Iglesia oficialmente descorazonó a las mujeres gobernantes de hacer votos de ir a las Cruzadas. Sin embargo las mujeres continuaron acompañando a los hombres a las guerras, como la hermana y la esposa de Ricardo Corazón de León hicieron en la Tercera Cruzada, pero ellas avanzaron en un forma privada. Las únicas mujeres que la Iglesia oficialmente aprobaba para la parte del ejército de los Cruzados eran las lavanderas. ¿Por qué las lavanderas? Ellas jugaban un papel vital lavando la ropa para prevenir los piojos de los cobertores, y eran mujeres normalmente demasiado viejas para ser una tentación para los hombres.
Eleanor víctima de las noches orientales
Louis VII era cobarde. Cobarde para amar y cobarde para luchar. Entonces, ¿cómo es que emprendió una aventura tal como la Segunda Cruzada?
Todo es explicable. Y esta gesta heroica del rey Louis VII de Francia tiene explicación.
Leonor había traído a su hermana Alicia, un año menor que ella, a la Corte de Francia.
La joven era graciosa y su sangre cálida. Bien pronto comenzó a mirar a los jóvenes condes que frecuentaban el palacio. Su aspecto de niña precoz sedujo al buen mozo de Raoul de Vermandois. Una noche ella fue a su habitación y se convirtió en su amante. El placer de los amantes fue tan poco discreto que nadie pudo dormir esa noche en el castillo.
Al día siguiente, el timorato rey llamó a Raoul y le echó una reprimenda por su comportamiento. Raoul un poco avergonzado, murmuró que se casaría con la ardiente Alicia. Pero Raoul estaba casado con Gilberto de Champagne… así que decidió repudiar a su mujer aduciendo que como eran primos su boda era un sacramento prohibido por la Iglesia.
Siendo esta historia pura invención, la misma no prosperó. Pero Eleanor deseaba que su hermana fuera feliz, así que ayudó a los amantes.
¿Cómo?
Dos meses más tarde, un concilio formado por amigos de Eleanor declaraba ilícita la unión de Raoul con Gilberta y aquél se casó con Alicia.
Pero Gilberta no era mujer temerosa. Se quejó ante su tío, Teobaldo de Champagne, quien enfurecido al ver como la Corte de Francia trataba a su sobrina, declaró la guerra a Louis VII. Hubo violentos combates entre los dos ejércitos. Louis VII sitió Vitry y, en un momento de furia, ordenó incendiar la ciudad. Mil trescientas personas murieron quemadas.
Al recobrar su sangre fría sintió grandes remordimientos por tal hecho. Como era un cobarde, Louis reprochó a Eleanor y a su hermana ser ambas el origen de esa guerra.
A su regreso a París, se confesó con San Bernardo, quien le sugirió como penitencia que fuera a combatir contra los infieles a Palestina. Louis decidió que Eleanor lo acompañara a Jerusalén.
¿Tan enamorado estaba de ella?
No, pero estaba celoso y conocía la fogosidad de la reina. Por lo tanto creyó prudente llevar a su mujer a Jerusalén. Pobre rey Louis, nadie le había prevenido sobre los desastrosos efectos de las cálidas noches de Oriente sobre las mujeres
…… …… …… …….
El 1 de junio de 1147 los reyes partieron hacia Tierra Santa, acompañados por numerosos caballeros. ¿Sólo caballeros? Eleanor de Aquitania, emprendió la cruzada al lado de su primer marido Louis VII de Francia escandalizando a Europa: llevó 300 de sus mujeres vestidas como las amazonas y mil caballeros de su ducado en los ejércitos de la Segunda Cruzada. Aunque ella insistió que las mujeres fueron solamente para "cuidar los heridos". Atravesaron Alemania, Belgrado, Bizancio, embarcaron en Efeso y en la primavera de 1148 llegaron a Antioquia. Raimundo de Guyena, tío de Eleanor, era el Príncipe de la ciudad. Recibió magníficamente a los soberanos en su espléndido palacio, y se mostró muy galante con su sobrina… Y la sobrina se estremeció al comparar el aspecto físico de su esposo con la de su tío Raimundo con su bella cabeza erguida, montando un caballo que parecía más grande que lo normal, y sus manos sobre el pomo de la silla. Raimundo era rey y guerrero, Louis era débil y cobarde.
El calor agobiaba a Eleanor de tal manera que no podía dormir de noche. Los afrodisíacos efectos del clima y la indiferencia de Louis, quien la había dejado dormir sola desde su salida de Francia, despertaron la naturaleza dormida de la reina de Francia.
En una de las tantas noches vigilia de Eleanor, un hombre entró furtivamente en su habitación.
¿Quién fue el misterioso amante que abandonó la real alcoba antes del alba?
¿Un infiel? ¿Un cruzado que no pudo resistir su deseo? ¿El tío Raimundo? ¡Misterio Sea como fuere, Eleanor tuvo a la mañana siguiente un aspecto tan radiante que despertó las sospechas del rey. De vez en cuando, el príncipe Raimundo tenía entrevistas particulares con su sobrina
Se dice que una noche Raimundo y Eleanor estaban hablando – quizá de los negocios que el tío tenía en Siria – muy cerca el uno de la otra cuando el rey entró de repente.
Los celos de Louis se potenciaron pues se sabía un marido engañado. La acusó de tener un comportamiento indigno de una reina. Más que eso, el comportamiento de Eleanor no era de una reina sino de una prostituta, le grita Louis al momento de ordenarle que lo acompañe de regreso hacia Jerusalén, viaje que harían de inmediato.
Eleanor no acepta la orden de su esposo y lo desafía abiertamente: ¿era más importante para Louis su comportamiento como reina que como esposa? ¿Era Louis más Rey que esposo?
Eleanor era antes que reina, mujer; Louis antes que hombre era rey.
Ella se siente mujer y como tal víctima de un hombre poderoso a quien ella ya no ama: el Rey. El Rey, Louis, le ordena salir de Antioquia junto con él. Ella se opone pero él no sólo ordena sino recrimina. Le grita que ella olvida muy fácilmente que es su esposa.
Este discurso de marido despechado despierta en Eleanor un sentimiento negativo. Se siente víctima de un poderoso y siente que aquello es una injusticia, ya que él le exige que ella sea su mujer cuando él desde hace tiempo ha olvidado ser su hombre
Por eso su reacción es cruel, impiadosa. Ella actúa cruelmente para neutralizar la crueldad de Louis, quien la calificó de mujer viciosa, hija de una familia de perros incestuosos. Este argumento le dio a Eleanor la respuesta capaz de dañar, asombrar y sorprender a Louis, que era la castidad en persona. Le dice que ellos eran parientes en un grado prohibido por la Iglesia y que su lecho era sacrílego.
El pobre rey palideció intensamente pues era muy respetuoso con las leyes de la Iglesia y sólo vio una salida: el divorcio. Solución que Eleanor aceptó de inmediato ya que ella se siente casada con un monje no con un rey
Después de la discusión, Louis y Eleanor volvieron a sus respectivas habitaciones. Esa noche fue una noche excepcional para Leonor: durmió sola, sin ninguna compañía masculina. Al día siguiente la pareja real, junto con sus tropas, dejan Antioquia rumbo a Jerusalén.
Eleanor extrañaba las noches voluptuosas de Antioquia y estuvo varios días sin hablar con su marido. Luego cambió de parecer y hasta le sonrió en Jerusalén. Louis, que estaba profundamente lastimado en su virilidad, aprovechó la ocasión para visitar a la reina en su cuarto. Ella lo recibió con los brazos abiertos.
Pero esa noche de placer no cambió las intenciones de Louis quien deseaba divorciarse de Leonor.
El Abad Suger, regente del reino en ausencia de Louis VII, era muy buen político. Cuando se enteró de los deseos del Rey pensó, asustado, que si los reyes se divorciaban, Eleanor recuperaría los territorios que había aportado como parte de su dote. Y para hacer las cosas peor, Eleanor sólo tenía 25 años, podría volver a casarse y con algún enemigo de Francia. Por lo tanto el Abad, dejando de lado sus escrúpulos religiosos, aconsejó al Rey que no se divorciara hasta su regreso a tierras francesas.
Louis decidió esperar y cuando la real pareja se detuvo en Roma, el Papa, prevenido por Suger, les dijo que entre ellos no existía problema de consanguinidad y su matrimonio era válido. Louis, quien estaba muy enamorado de Eleanor, se puso muy contento y celebró de inmediato una nueva boda. Esa noche puso tal esfuerzo en el lecho que después de algunas semanas se enteró que la reina estaba embarazada. Los cruzados volvieron a Francia y la reina dio a luz a una niña. Durante algunos meses fue una esposa modelo…
Pero Louis no fue un esposo modelo. Louis VII era un rey escrupuloso y piadoso. La corte de Rey francés era la más reluciente en el mundo occidental, Louis VII y su esposa Eleanor de Aquitania simplemente habían vuelto de la cruzada. Ellos lograron cumplir un sueño ambicionado por otros príncipes. Eleanor, de 28 años de edad era una belleza famosa quizá por ser la más bella de su tiempo.
Louis, su marido, se puso después de la cruzada más religioso y acético en su carácter, mientras que ella era cada vez más coqueta y ligera de espíritu. Su matrimonio no era fácil.
Eleanor dio a Louis VII dos hijas en 14 años de matrimonio, pero la ausencia de un heredero, un hijo varón hacía pensar a Louis que no sería mala idea replantearse la posibilidad de un divorcio. Su reino estaba antes que su matrimonio, su deber de rey estaba antes que su papel de esposo.
Virtudes muy meritorias en un gobernante, pero un tanto aburridas en un marido que, para colmo de males, era celoso. Eleanor aburrida y siempre empujada por su deseo de seducir y complacer – ó complacerse – cometió imprudencias con jóvenes señores invitados a palacio. Se mostraba tan frívola que nuevamente el rey sintió celos. Un día tuvo la certeza de que Eleanor tenía un amante, ¿o varios?
Louis, enojado, no habló con Suger sino con un grupo de obispos amigos suyos y enemigos de Suger. Estos obispos aseguraron al rey que había consanguinidad y que el matrimonio era nulo. A la muerte de Suger se reúne un concilio en Beaugency y en marzo 1152 se anuló el matrimonio.
Eleanor estaba en Blois y fue muy feliz cuando se enteró de la noticia Estaba harta de ese marido demasiado escrupuloso y piadoso, que pasaba sus días rezando y vigilándola. Además ella podría realizar su sueño: con algunos trovadores y algunas mujeres hermosas organizaría una corte de amor
De acuerdo a las costumbres feudales, Eleanor retuvo para ella las posesiones de Aquitania. Así es que la joven princesa, que poseía un tercio de Francia, tuvo muy pronto numerosos pretendientes. Para huir de ellos se refugió en su castillo de Poitiers.
El 18 de mayo de 1152 empieza otra historia para Eleanor de Aquitania. Pero esta historia será tema de una próxima entrega.
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