viernes, 15 de enero de 2010
Madame Butterfly, Dorian Gray, la Maldición de la Belleza
Oscar Wilde dijo de su The Picture of Dorian Gray: "Dorian Gray es como me gustaría ser, lord Henry Wotton es como me ven los demás, y Basil Hallward es como en realidad soy".
Este es mi tributo al autor de una estupenda novela que trata sobre la ética y la estética que el propio Oscar Wilde buscó durante toda su vida (… "desde lo profundo clamé a ti, Señor…") y la hipocresía de la sociedad en la cual el desarrolló su vida social e intelectual.
Madama Butterfly es una joven de quince años que madura como mujer cuando decide defender el honor de su hijo suicidándose para salvar la honra y el futuro del niño.
Este es mi tributo a la entereza de una mujer enamorada que prefiere ser madre antes que cortesana y a su aria del segundo acto Un bel di vedremo cuando confiesa su esperanza en el retorno de su marido americano a ella y al hijo de ambos.
Cho Cho San (Madame Butterfly) dialoga con Dorian Gray
Una mujer joven y hermosa y un hombre mayor están sentados sobre una esterilla de bambú en la ladera de una elevación natural del suelo, a las afueras de la ciudad japonesa de Nagasaki. Cerca de ellos pasa un sendero que lleva a la casa, en donde ella había vivido los momentos más felices y más tristes de su vida, hace ya algunos años. La joven acude todos los anocheceres al mismo lugar desde donde observa el mar, el puerto, los barcos. El hombre, siempre vestido con ropas oscuras, oculta su rostro bajo un sombrero de ala ancha algo caído sobre su frente hasta casi tocar sus ojos. Las sombras de la noche comienzan a rodear a la pareja. Aunque a cierta distancia ambos parecen inmóviles marionetas lo cierto es que están dialogando.
Ella es Cho Cho San, la Dama Mariposa de Puccini, él es Dorian Gray, el Ícono de la Belleza de Oscar Wilde.
Era un crepúsculo otoñal cuando esas dos almas que penaban, se encontraron Desde ese momento ambos acordaron tácitamente verse todos los anocheceres en el mismo sitio para conversar. La cita se cumple. El tema de la conversación se repite noche a noche. Para ella es la purificación de alguna experiencia suya, vital y profunda, mientras que para el hombre es una eliminación de recuerdos de hechos pasados que perturban su conciencia.
D -“¿Te acuerdas Butterfly cómo entablamos nuestra primera conversación? Tú estabas ahí, sentada sobre la ladera de esta colina, tu torso inclinado hacia adelante, tu vista fija en el mar. Veías pasar muchas velas desplegadas, pero ninguna del barco que esperabas. Me acerqué a ti y observé la mirada de tus rasgados ojos negros fijos en el agua que fluía, subía y bajaba al ritmo de las olas que llegaban a la orilla y se iban de ella. Pensé que estabas por enterrar tu corazón bajo un banco de arena en la orilla de la playa.”
B -“Lo recuerdo muy bien, querido Dorian, muy bien”
D -“Me atreví a decirte que volvieses a tu casa porque una bella joven como tú no debía sepultar el amor que su corazón ha atesorado en el tiempo. Lo que se ha amado no se puede soterrar.”
B -“Yo te respondí que sí… se podía cuando el corazón estaba muerto”.
“Mi corazón comenzó a morir cuando florecieron las primeras flores de la primavera, luego en el momento en que se encendieron las estrellas del verano, más tarde al aparecer la luna llena del otoño, y por último se detuvo al aparecer el lucero vespertino del invierno”.
“¡Cuánto tiempo tardó en morir mi corazón”!
D -“Pero yo pude convencerte que tu corazón seguía latiendo en tu alma aún después de haber renunciado a tu vida terrenal”.
“Yo, también había abandonado mi vida terrenal pero mi corazón seguía latiendo en mi alma sucia, no impoluta como la tuya”.
“Te confesé que no me atrevía mirar hacia atrás para no ver el nefasto sendero de decadencia que yo mismo construí”
B -“¿Entonces por qué diste fuerza a mi corazón para seguir palpitando?”
D -“Porque tanto tú como yo, dulce Mariposa, cometimos un pecado del que no somos responsables. Pecamos de ser jóvenes bellamente hermosos”
B – “Tu pensamiento es oscuro y confunde mis ideas. No entiendo porque fuimos pecadores irresponsables.
D-“Tu, Cho Cho San, eres hermosa porque está en tu naturaleza el serlo”
“Yo, Dorian Gray, he sido – ya no más - bello porque así me representó el arte”.
“Tu obedeciste a tus sentimientos. Yo, a mis pensamientos”
“Tu fuiste hermosa cuando reías y cuando llorabas. Yo he sido bello porque mi rostro fue así plasmado sobre la tela por aquel pintor que sólo buscaba la belleza artística sin percatarse de la vanidad del modelo – que era yo. Sus pinceles soltaron cual Caja de Pandora todo mi ego, mis vicios y hasta mis más viles sentimientos y condenables acciones. Pero no fueron capaces de encontrar mis virtudes… quizá porque nunca las tuve.
“Tu hermosura es natural. Mi belleza es artística”.
“Y ambas, hermosura y belleza, belleza y hermosura nos han llevado a cometer el error más imperdonable del ser humano y del que nunca podremos abjurar: habernos quitado voluntariamente la vida.
B -“Dicen que en cada pecado que se comete esta implícita la penitencia para el pecador. Luego yo te pregunto: Dorian, ¿de qué hemos sido culpables? Si yo nací hermosa, como dices, y tú fuiste artísticamente bello… ¿Qué ley quebrantamos? ¿Qué mandamiento divino desobedecimos?”
D – “Ambos transgredimos voluntariamente el precepto sagrado de preservar la vida humana. No hay en el mundo, dulce Mariposa, hombre tan sabio que pueda justificar nuestras acciones”.
B -“Mira Dorian, ya aparece el lucero del alba. Se disipan las sombras pero el viento que sopla desde el este no me permite ver con claridad la entrada al puerto”
D -“¿Siempre esperas el barco que sabes no retornará jamás? ”
B -“Nunca espero el barco; siempre espero un barco.”
D -“¿Qué juego de palabras es éste? ”
B -“No es un juego, es una confesión. Esperar el barco es decir esperar a Pinkerton. Él ya no existe para mí, ni vivo ni muerto. Sumida estoy en el olvido. He arrancado su recuerdo con exitosa y tenaz voluntad de mi memoria”
D -“¿Entonces por qué tienes siempre tu mirada dirigida al horizonte marino?”
B -“Porque espero que algún día un navío amarre en el puerto y por su planchada baje un adolescente de rasgados ojos celestes y rubia cabellera. Su rostro apenas recuerdo pero debe ser tan puro como era cuando niño”.
D -“¿Tu hijo?”
B -“Mi hijo. Pero hoy esta corriente de aire marino que arremolina la arena de la playa llena de amarillo polvo mis ojos y me obliga a cerrarlos”.
D -“¿Lloras?”
B -“Si lloro. Lloro por él, mi hijo. Ruego por él, mi hijo. Espero por él, mi hijo”
D -“Butterfly, ¡tu misma me contaste que se lo entregaste a Pinkerton, su padre, y a su esposa americana para que lo llevaran, educaran y viviese feliz en otro país más allá del mar!”
B -“Si, ¡sólo tenía tres años y era tan dulce el pequeño! Lo hice porque en mi sociedad, por mi culpa, ya estaba discriminado. Mi hijo no viviría sin honor por una falta que su madre había cometido. No lo podía permitir. Luego cumplí con una ley ancestral nuestra: ‘Con honor muere quien no puede vivir con honor’”.
D -“Y te quitaste la vida”
B -“Si, honorablemente. La mía fue una muerte con honra. Honré a mis antepasados. Cometí seppuku, nuestro suicidio ritual. Sé que fui virtuosa en el momento de irme de este mundo porque enaltecí el honor que me legaron mis antepasados y cedí a mi hijo la herencia de la honra familiar”.
D -“¿Por qué te culpas de tu historia de vida con Pinkerton?” “Eras tan joven y tan inocente”.
B -“Joven, sí. Inocente, no”
D -“No alcanzo a entenderte. O quizá lo que no entienda es tu forma de pensar. A lo mejor porque son tus ancestros quienes hablan por ti. Los orientales tienen una manera de pensar o de ver las cosas diferente a los occidentales”.
D -“Te olvidas, amigo mío, que yo soy una geisha. Una geisha llamada Mariposa – o Butterfly como me decía Pinkerton”. “Las geishas no somos tan cándidas ni las mariposas tan frágiles como la gente cree”.
B -“Coincido contigo en este punto. Las mariposas crecen encerradas en un capullo de delicada pared transparente. Cuando es su momento de salir al mundo, rompen ese débil muro. Sus movimientos son tenues, primorosos te diría. Sus alas, húmedas al principio, toman fuerza y ligereza. Son torpes en los primeros vuelos pero… en poco tiempo vuelan hábilmente. Están en vida tan llenas de obstáculos como de hermosura. Y cuando mueren sus alas conservan sus colores inalterables. Es más, creo que no mueren sino que perduran en su hermosura. Como tu, mi querida amiga”.
D -“Si, así son ellas. A veces me parece que las mariposas son sólo flores que revolotean felices porque se libraron del tallo que las ataban a la tierra. Pero nosotras, las geishas nunca pudimos, ni podremos, liberarnos de nuestro atávico destino. Nuestra fuerza espiritual es mantener formas de vida y costumbres de nuestros antepasados”.
D -“Mira Cho Cho San como la luna plateada está brillando entre los cerezos en flor. Y ¿no te parece escuchar como un canto de niñas entre el follaje de los pinos?”
B -“Es que el perfume de la primavera no está lejos de nosotros y quienes cantan son las niñas que están siendo instruidas – como lo fui yo a su edad – en la disciplina de las geishas. Son las ‘maiko’, que comienzan a ser aleccionadas desde los ocho añitos. Son todas niñas muy inteligentes y habilidosas. Conocen el arte de la música. Ejecutan tanto la flauta de bambú como el tamborcillo japonés. Entonan nuestras tradicionales canciones con pequeña y dulce voz. Danzan graciosamente las figuras del clásico baile japonés. Aprenden a amar la poesía y hacer grata la vida de los hombres que conocerán apenas pisen la adolescencia”.
B -“Hermosa vida las de estas jovencitas”.
B -“No lo creas. No es así, querido amigo. Ellas nunca tendrán una vida feliz. Yo tampoco la tuve”.
D -“Hace un tiempo que nos conocimos y comenzamos a contarnos nuestras cuitas. Hoy te pregunto lo que nunca me atreví. ¿Por qué tu vida ha sido tan desdichada”?
B -“Porque apenas conocí a Pinkerton él supo excitar en mi un sentimiento desconocido: AMOR. Despertó en mí la novedad de la pasión y el deseo sexual. Me enamoré y sólo tenía un anhelo, un deseo vehemente. Vivir con él y para él. Cuando lo conocí yo era mucho más mujer que él hombre”.
D -“Sigo sin entenderte. Creo que él era mucho mayor. Tú tenías quince años y él era oficial de la marina estadounidense ¿Esa diferencia de edad no fue a su favor?
B -“De ninguna manera. Yo no era una cándida adolescente. Deseaba ser la mujer de él, sólo para él. Pinkerton me atrajo por su gentileza, su aspecto, sus actitudes y ademanes tan distintos a los que yo estaba acostumbrada recibir de los hombres de mi sociedad. Sus ropas eran distintas. Su forma de demostrarme pasión era desconocida para mí. Abandoné a mi danna y empleé toda mis artes y mañas para casarme con mi hombre americano y llevarlo a vivir en mi mundo de flores y sauces”. No supe distinguir la diferencia que había – y hay – entre nuestras sociedades. El venía de un mundo occidental, materialista, donde todo se conseguía sin tardanza, sin permitir que nada se interponga a lo deseado. Era un individuo pragmático que conocía a fondo las leyes navales, las disciplinas militares pero desconocía las leyes sutiles de la vida y menos aún sabía tratar a las personas que actuamos de acuerdo a estas leyes”.
D -“Siento en tus palabras algo así como una exculpación al comportamiento del americano, mientras tu te censuras con dureza. Me costó mi vida aprender que el motor que mueve al ser humano es, desde siempre, el Amor. El amor es un sentimiento que moviliza las acciones de hombres y mujeres. Pueden ser actos grandiosos, trascendentales, pequeños o cotidianos, pero todos tienen como raíz común el sentimiento que experimenta una persona hacia otra y se manifiesta en el deseo de su compañía y en el de compartir alegrías y penas”. Hay distintas clases de amor. En ustedes se manifestó en forma de atracción afectiva y física. Tú eras una adolescente enamorada del amor que en tu caso se personificó en Pinkerton. Te entregaste a él sin dudar porque no desconfiaste del hombre. Sentías – y con razón – que no se puede llevar adelante una relación sin confiar. En cuanto a él, sólo era un joven hedonista que en todo momento actuó en forma irreflexiva sin advertir la trascendencia de sus actos. La mesura de su alma fue desbordada por la desmesura de su pasión. Y así obró en consecuencia”.
B – “Y en ti ¿cómo se manifestó el amor? Porque tú te enamoraste, ¿verdad?
D – “En su momento pensé haber estado enamorado. Pero no, nunca lo estuve. Me rectifico. Sí, lo estuve. Estuve enamorado de mí mismo. Yo, que me sabía bello tenía un único objetivo: no perder mi belleza, costase lo que costase. Y así canjeé un alma eterna por una belleza perecedera. Total, mi alma, proclive a la corrupción, valía muy poco”. Quebranté voluntariamente el precepto divino de la vida finita: sólo Dios es quien da y quita la vida al Hombre. Busqué mi inmortalidad, ambicioné la juventud eterna, alardeé de mi belleza total. Y no vacilé en llegar hasta el crimen.”
B – ¿“Entonces…”?
D – “Entonces pasó el tiempo, pasaron muchas personas, sucedieron muchas cosas. Al final de mi camino, una noche cualquiera, en mi cuarto sólo estábamos – como desde hacía muchos años - mi retrato y yo. Mi retrato que era la representación de mi alma. Mi alma corrompida. En mi retrato mi rostro ya no era más bello, era un rostro envejecido en donde estaban presentes todos los rastros que dejan los vicios, los malos deseos, los pecados, las pasiones erróneas. Y comencé a odiarlo a él y a odiarme a mi mismo. Y ahí estaba el cuchillo con él que apuñalé al pintor que fue el autor de la tela que arruinó mi vida. ¡Ay! Cuántas veces hube limpiado la hoja de ese cuchillo. Estaba pulcro y brillaba en la oscuridad. Así como asesiné al pintor, asesinaría el trabajo del pintor. Y así todo terminaría. Luego estaría libre y en paz”.
B - ¿”Destruiste el retrato”?
D – “Si. Pero no quise detenerme y decidido a terminar con todo, hundí el cuchillo en mi corazón. Por fin llegó el final. Luego, lo de siempre. Los criados, que escucharon mi agónico grito y el ruido de mi cuerpo al caer sobre el piso del cuarto, se acercaron a la puerta del mismo, forzaron su cerradura y me encontraron tirado sobre la celeste alfombra, que comenzaba a teñirse de rojo bajo mi espalda. No me reconocieron de inmediato. Mi rostro tenía una repulsiva apariencia mientras se marchitaba bajo una red de arrugas que iban apareciendo poco a poco. Sólo mi gabán negro y mi anillo de sello, que siempre llevaba en mi anular derecho, les dio la certeza de que era yo quien yacía al pie del retrato rasgado.
B – “¿Y desde entonces tu espíritu doliente vagó por el espacio sideral hasta que casualmente nos encontramos? Somos dos almas en pena que quizá ya hayamos pagado nuestros pecados y por eso Dios nos ha dado la dicha de hallarnos y estar en paz con nosotros mismos”.
“¿Y tu retrato, qué se hizo de él”?
D – “No sé que ha sido de mi retrato. Lo que sé es que mientras yo me cubría de arrugas, mi rostro, en su retrato, recuperó su maravillosa exquisita juventud y belleza”.
miércoles, 2 de diciembre de 2009
Afuera Sopla el Viento
el amor romántico y la pólvora."
André Maurois
“Afuera sopla el viento,
el viento del invierno que levanta polvo de nieve…”
Bernardo de Troisson, trovador (circa 1175)
La reina Leonor de Inglaterra se emociona con la canción. Piensa que ya hace tres años ese joven trovador suspira por su amor y que debe hacer algo por él.
Se levanta, se acerca a Bernardo mirándolo a los ojos, y lo besa en la boca. El desdichado, al que el deseo ha atormentado desde hace treinta y seis meses, le hace comprender a la reina con un gran suspiro que necesita algo más para encontrarse mejor.
Las habitaciones de Leonor no están lejos. Ella se muestra comprensiva...
Durante su estancia en Poitiers, Leonor vuelve a reunir la corte de amor que formara ya en Poitiers, antes de convertirse en reina de Inglaterra. Esta corte, en la que figuran una veintena de damas, algunos trovadores y varios caballeros conocidos por su galantería con las damas, examina problemas amorosos y dicta sentencias, basándose en el código del amor, del que extraemos algunos de sus treinta y un artículos:
El matrimonio no es una excusa legítima contra el amor.
Quien no sabe callar, no puede amar.
Nadie puede tener dos relaciones a la vez.
El amor debe siempre aumentar, no disminuir.
No hay ningún sabor en los placeres que un amante oculta al otro sin su consentimiento.
En amor, el amante que sobrevive al otro debe guardarle la viudedad durante dos años
El amor nunca se hospeda en la casa de la avaricia.
La facilidad del disfrute disminuye su precio, la dificultad lo aumenta.
Cuando el amor disminuye, pronto acaba; pocas veces se recupera.
El verdadero amante siempre es tímido.
Nada impide que una mujer sea amada por dos hombres, ni que un hombre sea amado por dos mujeres.
Las preguntas que la Corte de Amor debe responder, a menudo resultan muy sabrosas. Una de las preguntas favoritas de Leonor y que ella siempre plantea es:
“¿Puede existir verdadero amor entre marido y mujer?”
Espera con ansías renovadas la respuesta. La sentencia del jurado del tribunal de su Corte de Amor no se hace esperar:
“Por unanimidad decimos y afirmamos que el amor no puede implantar sus derechos entre dos personas casadas. En efecto, los amantes se lo dan todo, mutuamente y gratuitamente, sin ser obligados por ningún motivo de necesidad, mientras que los esposos deben recíprocamente soportar sus voluntades y les es obligatorio el no negarse nada ... ”
Esta es una sentencia sabia, ya que complace a ambos, Enrique II el Rey de Inglaterra y a su Reina, Leonor. Ambos tienen sobrados motivos para sentirse satisfechos.
Ahora la Corte de Amor de Leonor tiene que resolver el siguiente problema:
“Un caballero requiere de amores a una dama a la cual no logra convencer. Le manda algunos honestos regalos que la dama acepta. A pesar de ello, ésta no disminuye su habitual severidad. Él se queja de haber sido engañado por una falsa esperanza que le ha dado la tal señora al aceptar los regalos”.
La sentencia es la siguiente:
“Es preciso que una dama, o bien rehúse aceptar los regalos que se le hacen para conquistarla, o bien que pague la recompensa, si los acepta. Si lo hace sin dar nada a cambio, debe sufrir el verse incluida en la categoría de simple cortesana”.
Algunas de las preguntas resultan hoy muy extrañas. Esta, por ejemplo:
“Una señorita que tiene una relación amorosa con un caballero, se casa con otro; ¿tiene derecho a rechazar al antiguo amante o debe seguir concediéndole sus favores?”
He aquí la admirable respuesta que emite el jurado:
“El advenimiento del lazo matrimonial no excluye de derecho al primer compromiso, a menos que la dama rechace el amor y declare hacerlo para siempre”.
Con tal sentencia se aprecia cuán falseada ha sido por los románticos la visión de los trovadores y el sentido real del amor cortesano.
Cuando Leonor vuelve a Londres, se lleva con ella una última canción de Bernardo, que todavía no está repuesto de su triunfo, que ha tardado tres años en conseguir:
“Ella no puede negarme su amor ahora.
Yo seré capaz de recordar por siempre
De ella y de sus actos tengo testimonios dentro de mí…”
Lo cual es de gran gentileza, pero de poca discreción
En el transcurso de diez años, Leonor pasa más tiempo en Poitiers que en Londres. No sólo a causa de Bernardo y de su corte de amor, sino porque además se ocupa con ardor y con mucha inteligencia del manejo de sus dominios aquitánicos.
Además, el estar lejos de su esposo, el Rey Enrique II de Inglaterra con el cual ya no se entiende, no le desagrada en absoluto.
Bibliografía:
http://en.thinkexist.com/quotation/We_owe_to_the_Middle_Ages_the_two_worst/221682. html
http://www.rencentral.com/feb_mar_vol2/lovemarriage.shtm
TOWNSEND WARNER, George & MARTEN, C. H. K., The Groundwork of British History (London, 1923)
FRASER, Antonia, editor, The Lives of the Kings & Queens of England, (Weinfeld and Nicolson, England, 1975)
domingo, 1 de noviembre de 2009
Carmen
Por Sara Garfinkel
En reconocimiento a Prosper Mérimée por su relato origen de esta ópera,
a Henri Meilhac y Ludovic Halévy por el maravilloso texto base de esta ópera,
a George Bizet por su estupenda música,
a Enest Guiraud por su arreglo musical de la versión de Bizet,
a Francesco Rosi por su película basada en esta ópera
y a todos los amantes de….
CARMEN
Carmen es gitana moruna. Mucho se ha escrito y dicho sobre esta mujer considerada epítome de la lascivia femenil culpable de todos los males que han caído sobre la humanidad. ¿No fue Eva responsable de la pérdida del Paraíso para nosotros, pobres mortales?
En un mundo donde la historia ha sido manipulada por masculinos intereses, ya económicos, ya políticos, no es nada raro que se haya cargado con la culpa de este drama de amor, pasión, traición y odio a la bella mujer que coquetea y embruja al “íntegro don José con sus brujerías y maleficios”. Ella es la responsable de precipitar a don José en una vertiginosa e irreversible caída de perdición hasta convertirlo en un asesino. Su asesino.
CARMEN antes de ser ópera es novela y antes de ser novela es mujer.
¿Qué clase de mujer es Carmen? Se dice que fue una gitana de nombre Ar-Mintz (nombre en lengua Romaní fonéticamente parecido a Carmen) la mujer que inspiró al gran George Bizet, el trágico George Bizet – sin duda el genio operístico más grande de Francia.
Se dice que esta gitana era intensamente ardiente, impetuosa, apasionada y fácilmente propensa a repentinos y violentos estallidos pasionales provocados por sentimientos de admiración ó de indiferencia motivados por la actitud del hombre que esté a su lado.
Carmen – o Ar Mintz, si ustedes prefieren - es un personaje más allá del bien ó del mal, se entrega sin reparos al momento. Toda ella es la encarnación del instinto atávico del ser humano. Perseguida por su propio destino y obligada a encontrar los medios para eludir muchos peligros, ella sacrifica su vida a una pasión, pero también juega con el amor, y lo usa a menudo como medio, cuando su dura existencia así lo exige. Ella sabe muy bien que su destino ya está determinado. Es posible que, como gitana encuentre para este sino una respuesta más valiente y más libre de reparos que el común de la gente.
Estamos en la Sevilla, año 1830. Carmen trabaja junto con centenares de mujeres (dicen que son 500 en total). Algunas jóvenes, otras viejas… algunas hermosas, otras no tanto… unas son gitanas, otras son payas… pero todas acostumbradas a una vida dura que la viven en medio de una miseria grande que soportan con dignidad; mientras obedecen las convenciones sociales de la época sin pensar siquiera en rebelarse.
Es un soleado mediodía estival. El cuartel de los soldados de la Guardia del Regimiento de Alcalá a la izquierda de la plaza del pueblo. A la derecha de la plaza el grandioso y vetusto edificio de la Fábrica de Tabacos. En la plaza la gente viene y va, en la plaza de armas del cuartel los soldados forman fila esperando la llegada de la nueva guardia que ha de reemplazarlos, en la fábrica las cigarreras espían la llegada de la nueva guardia al mando del cabo Don José Lizzara Bengoa.
De la fábrica de cigarros salen las obreras, coqueteando con los mozos del pueblo y con la soldadesca que está en su descanso. Bailan, cantan, se susurran palabras de amor, se besan, se abrazan. Son todos felices. Pero Carmen no está entre las muchachas. Ella ha preferido refrescarse en el manantial aledaño a la plaza, que surte de agua fresca al pueblo. Muchos de los mozos y de los soldados al no verla entre ellos preguntan por Carmen, “la Carmencita”.
Cuando emerge de la fuente, su figura esbelta y felina se destaca pues su vestido empapado está pegado a su cuerpo húmedo y marca lascivamente sus turgentes formas.
Y así, cuando de repente aparece “la Carmencita” a la vista de los hombres, éstos le preguntan - en un velado reproche donde se quejan de su larga espera - que cuando los amará, ella les contesta que no lo sabe, que quizá nunca, que tal vez mañana pero que segura está no será en ese hermoso y soleado día. Es que la hermosa gitana sabe que los arrumacos, devaneos y promesas de los galanes se desvanecerán cual volutas de humo apenas ella satisfaga sus deseos.
Es en este punto cuando Carmen, confiesa su real YO en un canto al amor libre, desnudando su alma y sus verdaderos sentimientos. No es ella la que miente en este drama pasional, son los otros que se mienten a si mismos al no querer escuchar su verdad.
Carmen reconoce que su amor es indómito, salvaje, arisco, montaraz. Desobedece cualquier ley que pueda cercenar su libertad. Rechaza a aquél que busca su amor y es atraída por ese que parece despreciarla. Advierte que es muy peligroso ser su amado porque ella es un pájaro que vuela libre por los aires y quien la ame terminará siempre siendo un pobre muñeco grotesco atrapado en su amor sin poder retenerla.
El cabo D. José ha oído esta confesión pero no la ha escuchado. Imperturbable trata de poner orden entre las muchachas y los soldados que están mezclados con el grupo de jóvenes, enviando a aquéllos de regreso al cuartel. Parece no prestar atención a Carmen, pero ella lo llama y cuando él se acerca esta mujer, que es un vergel salvaje siempre florecido, en un impulso sexual subyacente le arroja una flor amarilla, una flor de casia. La flor golpea el pecho del hombre a la altura de su corazón mientras la gitana sin dejar de mirarlo a los ojos le repite a modo de invocación:
¡Tú estás atrapado!
Don José en un movimiento reflejo se agacha, recoge la flor y la guarda en un bolsillo interior de su chaqueta. Parece embrujado.
Los acontecimientos se suceden como obedeciendo a la ley de gravedad del destino. Una gitana que trabaja en la Fábrica de Tabaco se ha peleado con una compañera de trabajo. En la disputa ha herido a la otra cigarrera en la cara. Don José es enviado al mando de dos soldados más a poner orden en la fábrica y llevar a prisión a la gitana “agresora”, quien no es otra que Carmen.
La ficción dice que al quedarse solos don José y Carmen, antes que éste la conduzca a la prisión, ella trata de seducirlo y le promete, si la deja en libertad, reunirse con él en la taberna de Lillas Pastia en Triana. Don José, entusiasmado y visiblemente cautivado por la personalidad de la cíngara, la deja escapar.
La realidad es diferente. Carmen está totalmente interesada - ¿podríamos decir enamorada? – de Don José. ¿Cuándo comienza este sentimiento en ella? Seguramente cuando él no presta atención a sus coqueteos. Ella se siente atraída por ese soldado que no muestra el menor indicio de pasión, ese hombre que ni siquiera la mira, a pesar del conjuro de la gitana., es cuando desafía a la más alta autoridad – el capitán Zúñiga que esta visiblemente interesado en Carmen – diciendo que ella nunca dirá lo que pasó en la fábrica aunque la corten en pedacitos o la quemen viva,. Guardará su secreto, lo guardará muy bien pues sin miedo desafía al fuego, al acero y al mismo cielo.
Luego, en un sensual coqueteo mira en los ojos al Capitán Zúñiga e ignora a Don José, quien es encomendado por su superior de restaurar el orden y llevarla a ella a la cárcel.
“Porque amo a otro hombre y moriría por él”
Ese otro hombre es, evidentemente, don José. No diré que este sentimiento es resultado de una equivocación del destino. Si diré sin temor a equivocarme que es la confirmación que nada ni nadie puede torcer el destino de las personas.
¿Qué ha visto Carmen en ese hombre que encendió en ella la hoguera de una pasión? Quizá su porte erguido que le confiere a su cuerpo alto y sólido una apariencia de varonil dureza. Montado sobre su caballo es un jinete firme al que ningún movimiento de su inquieta cabalgadura logrará desarzonar. ¡Qué hombre bien proporcionado es! ¡Qué armoniosa figura la de su cabeza hacia su busto en su posición ecuestre! ¡Y su rostro moreno de rasgos regulares e inmóviles y esos ojos negros de mirada de mando!.... Pero lo que Carmen no puede ver es el verdadero interior de don José. Don José es un mozo serio, bondadoso, sin pasado alguno. Ha salido de su pueblo para cumplir con sus deberes militares pero es, esencialmente, un campesino que quiere a su madre, respeta a su novia de la infancia y sólo quiere volver a su tierra navarra para trabajarla, formar una familia y respetar las leyes de la sociedad. Don José Lizarra Bengoa sabe obedecer órdenes pero no tiene voz de mando ni sabe mandar. Y eso no va con Carmen.
Carmen ya en prisión, le dice a Don José – quién rehuye toda conversación con la gitana – que se desprenda de la flor que ella le arrojó y el guardó cerca de su corazón, pues el hechizo de amor se ha cumplido. Y con sensuales y felinos movimientos de gata en celo le promete que lo llevará hasta la taberna de Lillas Pastia para beber manzanilla juntos. Le dice que bailará una seguidilla para el hombre a quien ella ahora ama. Ese hombre es un soldado que no es ni capitán ni teniente sino un simple cabo. Un simple cabo que es suficiente para una una simple gitana como ella, vehemente con los hombres y libre para amar a quien quiera.
¿No es esta canción una declaración de amor de una mujer enamorada? Quien diga que no, quien diga que Carmen sólo busca engatusar al hombre… conoce muy poco a las mujeres.
Por supuesto ella escapa porque Don José se lo permite, debiendo pagar éste su falta al deber con prisión y degradación.
En la taberna de Lillas Pastia, Carmen y sus amigas gitanas bailan y beben con algunos militares y muchos mozos de cantina. El lugar está colmado de música de cítaras y panderetas. Todo es un aquelarre de pieles bronceadas, anillos y collares de plata y bronce, melenas azabaches a su aire, faldas sueltas, blusas vaporosas. Todo es rojo y naranja, todo es fuego y pasión, todo es alegría y desenfreno. Las hermosas mujeres danzan y cantan. Las canciones de las gitanas andaluzas son una mezcla de música árabe, bereber, africana, sefardí.
Y sobre todas esas hermosas mujeres está Carmen. Carmen, gitana moruna que tiene sed de vivir y calma su sed bebiendo su vida. Escancia su sangre en el vaso de su corazón del que ella va a beber hasta el fin. ¿Quién sabe lo que siente esta mujer? ¿Es que disfraza con alegrías el deseo de volver a ver a ese tonto cabo que le ayudó en su fuga?
Carmen se entera que don José ha sido degradado por haberle facilitado la fuga, que ha sido encarcelado y que está de nuevo en libertad. Ella lo espera. Los arcanos de su alma gitana le dicen que sin duda este hombre vendrá a verla. En efecto, el cabo acudirá a la cita que ella le prometiera el día que él le permitió fugarse.
Pero antes llega a la taberna Escamillo, famoso torero de Granada, acompañado por un grupo de admiradores. Escamillo es saludado por los soldados quienes con el capitán Zúñiga a la cabeza, brindan por el conocimiento, coraje y la buena suerte del diestro. Éste responde al saludo y mientras levanta en alto la copa de la que va a beber en honor del capitán y sus soldados, les dice que los soldados son como los toreros ya que tanto unos como otros encuentran placer en la lucha.
Después de escanciar la copa de vino que le fuera ofrecida, les confiesa a sus escuchadores los sentimientos que en él despierta la fiesta taurina. Compara estos sentimientos con los que en él despierta la mirada de dos ojos negros que lo miran torear. El siente que en esa mirada está la promesa que después de la lid un amor apasionado lo estará esperando
Carmen y sus amigas coquetean con el torero. Escamillo se siente fascinado por Carmen y le pregunta que pasaría si él la amase. Ella le contesta que no debería amarla.
“Yo esperaré” es la respuesta del matador.
“La espera es dulce” contesta “la Carmencita” más con la mirada que con los labios.
Y el destino se cumple. Don José va a la taberna. Ella está feliz de verlo, baila para él y se le ofrece abiertamente. Así es como Carmen entiende al amor. Pero a lo lejos se oye el sonido de la llamada de retreta para el cuartel. Don José quiere retirarse para llegar antes de que pasen lista.
Y es en este momento cuando Carmen reacciona como una tigresa herida en lo más profundo de su celo. ¿Hay algo más peligroso que una mujer despechada, cualquiera sea su etnia? Lamentablemente nadie piensa en la mujer que ha sido dejada de lado por el sonido de un clarín. Creo que la mejor justificación de la conducta de Carmen no la daré yo. Ha sido dada por una excelsa mujer mejicana que vivió en el siglo XVII y que escribió sobre la “inconsecuencia y la censura de los hombres, que en las mujeres acusan lo que acusan”…
“Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón… “ (Sor Juana Inés de la Cruz)
Y así del amor Carmen pasa a la indiferencia total hacia ese hombre. Ella se burla de sus compromisos militares y le propone que vaya con ella a la sierra, para vivir juntos en libertad. El hombre se debate entre el deber de soldado y la pasión de hombre. Carmen se enfurece y Don José tiene que imponerle a la fuerza que le escuche sus declaraciones de amor. Carmen le responde que la única manera de probarle su amor sería que se uniera a ella y sus amigos en una expedición en las montañas. Finalmente y muy a su pesar, don José debe unirse a los contrabandistas amigos de Carmen y escaparse hacia las sierras.
Carmen comienza a aburrirse del amor de Don José, quien no consigue adaptarse a esta vida de libertad. Carmen no finge amores a un hombre si lo desprecia. Menos demostrarle admiración si él es necio o temor si es cobarde. Ella busca su futuro en las barajas. Una y otra vez los naipes le dan la misma respuesta: la muerte. Escamillo ha llegado a la guarida de los contrabandistas que está en las montañas. . Viene en busca de Carmen. Don José lo reta a duelo. Carmen aparece junto a los gitanos para separarlos. Antes de despedirse, Escamillo invita a los presentes a las próximas corridas de toros de Sevilla. El fastidio de Carmen crece cada vez que ve a don José, no soporta que él la toque y menos que la bese. Por eso cuando él parte para ver a su madre agonizante, Carmen comienza a sentirse feliz. Don José se va no sin antes amenazar a Carmen diciéndole que pronto habrá de regresar.
La Maestranza
Sangre y arena es el escenario del último acto de amor entre la gitana y el soldado. Ella está hermosa. Su elegancia no puede ocultar su verdadera naturaleza salvaje. Carmen es ahora la amante de Escamillo. Luego de reiterarle su amor, Escamillo deja a Carmen y parte al ruedo. Ella sabe que Don José se encuentra entre la multitud. Pero no tiene miedo. Es esa fuerza desconocida que la empuja a enfrentarlo. Don José le ruega primero y la amenaza después. Todo es en vano. La gitana le grita su desprecio y le repite una y otra vez que ahora ama al torero. Se escucha cómo la muchedumbre aclama a Escamillo y Carmen intenta entrar en la Plaza, pero Don José, presa de la ira y de los celos, la mata a puñaladas. Luego, sollozando, la invoca desesperadamente, confiesa su crimen y se deja arrestar.
A Don José
Los ojos que tú miraste, no los verás más,
Sus cabellos negros no los acariciarás.
Su súbita aparición hechizó tu vida,
Ha sido para ti, pobre don José,
Espejismo de tu vista enfebrecida.
Tú la viste llegar prestamente a ti
y descender a tu virilidad cual
estrella errante al anochecer.
Tu la imaginaste inocente desde tu alma
que desconocía el mal.
Tu esencia de hombre
era como un sendero níveo, sin huella ninguna.
Tú quisiste hallar en su mirada la respuesta
a tu inexperiencia sexual, a tu vigilia de amor, y a su abandono.
Ella te respondió con su frialdad altanera…
¡Que amargo es el desprecio de la mujer que aborrece!
¡Qué peligroso es el hombre que no acepta ser abandonado!
A CARMEN
Muestra – según muchos - una
Grosera carátula de su bello rostro
Ojos de mirada enviciada, perversa.
Labios rojos de sangre
Abiertos en hipócrita sonrisa.
Modales sin finura
Palabras henchidas de dulce mentiras.
Arrogante simuladora de fino porte embustero.
Pero......
Para mi ella nos muestra
Su alma desde el primer momento
Alma que tiene la inocencia del niño
Que ama y deja de amar
Sin pensar que lo fugaz de su amor
Pueda dañar a otros corazones.
Colofón
Don José comete un crimen pasional. Podría ser condenado por el mismo, esto es obvio. ¿Pero ha sido él el único responsable de este crimen? ¿No fue Carmen quien lo empujó al abismo? ¿No han sido culpas compartidas? Tiene Carmen alguna justificación, salvo el de haber sido la victima? ¿Es que don José es sólo el victimario?
Tanto Carmen como él son víctimas y victimarios de una aberrante relación. Ella es la víctima material, él la víctima espiritual.
Ninguno de los dos deberá ser castigado por haberse amado y deseado. Pero don José será siempre mirado con simpatía y hasta justificado en su desenlace final. Mientras que Carmen…
Carmen nunca será comprendida. Siempre quedará privada de justificación alguna. Es que ella es una mujer que siempre ha estado más allá del bien ó del mal. Siempre se entregó sin reservas al momento que le tocaba vivir. Sin término medio. Ella es capaz de sacrificar su vida por una pasión o por un menosprecio. Es que ella sabe muy bien, con esa sabiduría heredada de sus ancestros, que el destino ya está determinado. Como gitana eso no la asusta sino que la incentiva pues le da más valor y la libera de toda atadura.
Sin ser un demonio está endemoniadamente dominada por su instinto sexual. Es coqueta y altiva, desdeñosa y orgullosa, pasional y arrogante. Es peligrosa para si misma ya que al fin su misma belleza y el poder que de ésta emana la destruyen. Es peligrosa para los demás porque ella es la encarnación del instinto más ancestral del ser humano: ama ó desdeña. No tiene término medio. Es que esta mujer no es culpable, porque así la educaron.
Pobre mujer, su cíngara belleza, su magnetismo y su fidelidad a si misma la llevaron a la muerte.
Sara Garfinkel
(De su libro “Disquisiciones sobre lo que me Gusta”)
viernes, 23 de octubre de 2009
El Castillo de las Damas
Por Sara Garfinkel
I
Hubo una vez que era un privilegio vivir en el Castillo de Leeds
Conozcamos los relatos sobre el amor y la traición de la Realeza Británica dentro de los muros del Castillo de Leeds.
Seis reinas medievales residirían en esta Fortaleza. Cada una de ellas fue obsequiada con la posesión del castillo como presente de bodas en ocasión de su casamiento con el heredero al trono o el rey de Inglaterra, según fuera el caso. Leeds sería de ahí en más conocido como el Castillo de las Damas, aunque al principio el Castillo de Leeds lucía sólido y austero como un bizarro guerrero.
Durante cinco turbulentos siglos el Castillo de Leeds fue una de las residencias de la familia real. La “orden del día” era rodear al castillo de la máxima seguridad. Como medida de protección la parte principal del castillo fue fortificada de acuerdo a los patrones de belleza medievales. Los reales aposentos se trasladaron a la Torre de Homenaje, la cual estaba conectada con el edificio principal a través de un pasaje subterráneo debajo de un puente de piedra. Lord Congreve, un reputadísimo historiador inglés, comentaba que esa singular combinación de piedra y agua era “maravillosa debido a su variado esplendor”.
Para las "Grandes Damas” que tenían a Leeds como su hogar, el Castillo era una promesa de duradera felicidad matrimonial. Sólo una de ellas pudo lograr hacer realidad sus sueños: la española Leonor de Castilla, cuyos colores ondean sobre el asta de la torre principal torre del Castillo de Leeds.
I
Leonor de Castilla fue la primer dama del Castillo. Le fue obsequiada la propiedad del castillo cuando se casó con el príncipe Eduardo, el hijo mayor del rey Enrique III. Eduardo sería más tarde conocido como el rey Eduardo I, el “Pataslargas”.
Eduardo contaba con 15 años de edad cuando viajó a España con su madre para contraer enlace con la infanta Leonor, hija del rey Fernando III, rey de Castilla y León. La boda real tuvo lugar en Las Helgas en el mes de octubre de 1254. Desde ese momento en más la pareja fue inseparable por el resto de sus vidas en pareja hasta que Leonor falleció.
Leonor dio la calidez de sus sentimientos a la fría fortaleza e hizo del Castillo de Leeds una residencia merecedora de un rey. El matrimonio entre Leonor y Eduardo fue un convenio con el propósito de consolidar una alianza entre España e Inglaterra. No obstante Leonor y Eduardo se enamoraron el uno del otro inmediatamente. Su amor duró todo el tiempo de sus vidas. De ese tiempo se conserva la repisa de la chimenea ubicada en la Galería de la Reina que recuerda la alianza Anglo-española.
Cuando en el año 1270 Eduardo partió para las Cruzadas, el amor de Leonor sufrió una dura prueba. Debió elegir entre su amor de esposa y su amor de madre. Sin dudar ella dejó a sus hijos al cuidado de otras personas y se unió a Eduardo en su peligrosa misión. Leonor decía que nada separaría lo que Dios había unido. Fue en Siria durante la Guerra Santa cuando Leonor salvó la vida de Eduardo succionando el veneno de una herida que el recibió por una flecha envenenada. Desde ese momento, a causa de su coraje acrecentado por su amor, la Hermosa morena española fue conocida como Leonor la Fiel.
Eduardo, lleno de orgullo, amor y agradecimiento hacia su joven esposa decidió honrar a su esposa embelleciendo el Castillo de Leeds. A la edificación existente le hizo construir muchos de los edificios que lo convertirían con el paso de los años en el fabuloso Castillo de las Damas. Hizo renovar el edificio principal y la Torre de Homenaje. Para proteger ambas construcciones mandó construir un sólido muro desde cuyas torres de observación no solo se podía controlar los movimientos de los adversarios sino también arrojarflechas contra los mismos. Finalmente Eduardo hizo agrandar el tamaño del lago artificial que adornaba el parque real y agregó un dique. Este dique podía ser abierto para inundar el valle en caso de peligro.
En Leeds la real pareja pasó sus más felices días y formó una familia dentro de una excelente armonía conyugal, lo cual no era muy común en la realeza. El final de la felicidad comenzó con el año 1290. La reina Leonor falleció. El Castillo de Leeds guardó luto por la querida reina. Eduardo I estaba destrozado y ya no disfrutaba más vivir en el castillo.
Profundamente deprimido, escribió: “Mi corazón está de duelo. Si yo la amaba a la reina mientras estaba viva, no podría dejar de amarla ahora que está muerta”. El desconsolado monarca hizo construir una capilla donde cuatro monjes y un clérigo decían misa diariamente en memoria del alma de Leonor.
II
La siguiente reina inglesa que recibió Leeds como regalo de bodas fue Catherine Valois, la más joven hija del “loco” rey francés Carlos VI. El matrimonio entre el rey Enrique V de Inglaterra y Catherine fue un convenio incluido en el tratado de rendición firmado en Troyes después de la total victoria inglesa sobre los franceses en el año 1415. La boda se llevó a cabo en la ciudad francesa de Troyes el 2 de junio de 1420. Este tipo de matrimonio entre la realeza era común durante la Edad Media. Algunos matrimonios fueron exitosos, otros lo exactamente opuesto. Aunque las iniciales de la pareja están unidas en un verdadero nudo de amor pintado por todo el dormitorio de la reina, Enrique V no fue el gran amor de Catherine.
Poco tiempo después de haber recibido Leeds, Catherine hizo instalar un reloj y una campana, los cuales son los más antiguos en toda Inglaterra. Enrique V falleció a los dos años de haber contraído matrimonio. Su deceso ocurrió el 31 de agosto de 1422. Tenía sólo 35 años.
Fue en los jardines del Castillo de Leeds donde floreció un romance entre una joven reina viuda y un apolíneo joven caballero galés. La joven reina viuda era Catherine Valois, el apolíneo joven caballero galés – que cumplia las funciones de camarero real – se llamaba Owen Tudor. Catherine y Owen se casaron secretamente e increiblemente ellos tuvieron cinco hijos antes de ser descubiertos y enviados a prisión. De su amor surgió la real Casa Tudor. El primer rey Tudor fue Enrique VII and más tarde reinó su hijo, el más famoso marido de la historia: Enrique VIII.
Cuando Enrique VIII fue rey de Inglaterra vivir en el Castillo de Leeds no fue más un privilegio para una reina. Para las esposas de Enrique VIII, vivir en el Castillo de Leeds se convirtió en dolor y tragedia.
III
En ese tiempo, Catalina de Aragón - la princesa española hija de los reyes católicos Fernando de Aragón e Isabel de Castilla - era la persona más importante para Enrique. Ella era la viuda de su difunto hermano. Con ella, la viuda de su difunto hermano, Enrique habría de casarse, muy enamorado y deseoso de perpetuar la dinastía Tudor. Leeds sería otra vez la cuna del amor de una nueva pareja real.
Enrique decidió embellecer Leeds en honor de Catalina, con quien él se casaría dos semanas después de ser Coronado, el 11 de junio de 1509. Enrique hizo que su mejor amigo, Sir Henry Wildfort, añada un segundo piso a la construcción ya existente, reconstruyese el vestíbulo real y las escaleras. Hizo colocar hermosos vitraux frente a la glorieta central y hermoseo todos los cuartos. Decidió levanter la “Torre de las Damas de la Reina”, ligar donde se suponían la Reina y sus damas de honor residirían.
Una de estas damas sería muy pronto responsable del cambio del curso de la historia de Inglaterra.
El tiempo de Catalina de Aragón fue el “tiempo dorado del Castillo de Las Damas”. Catalina estaba profundamente enamorada de su joven marido, quien parecía predestinado a un supremo destino real. El pueblo ingles adoraba a su Rey y quería a su Reina. La vida en la corte era rica y variada. Los bailes de disfraz estaban a la orden del día., como fin de fiesta de los torneos entre Enrique y sus caballeros. Estos torneos eran competiciones de coraje y lucha, donde tanto el rey como sus nobles adversarios debían demostrar sus habilidades en el uso de la espada, la lanza y el arco largo.
Los nobles contendientes honraban a su rey, su reina, sus señores y sus damas. Enrique VIII recorría el reino para asistir a torneos y bailes de disfraz. El rey era un hábil guerrero y su grandeza era demostrada cuando, después de derrotar a sus oponentes, se inclinaba ante sus vencidos, se sacaba su yelmo y revelaba su identidad.
Pero en el año 1527 el rey comenzó a revelar su verdadera personalidad. A pesar de sus seis embarazos, Catalina sólo pudo darle una hija, María. Enrique estaba preocupado por la estabilidad de la dinastía Tudor sin un heredero varón. Sus conquistas sentimentales y la existencia de un hijo ilegítimo eran temas bien conocidos por sus súbditos. En ese tiempo él estaba encaprichado con Jane Bolena. Jane y su hermana Ana eran damas de honor en la corte de la reina Catalina. Enrique dejó de rendirle sus atenciones a Jane para bridárselas a Ana. Enrique sentía una profundo deseo por Ana Bolena. En una oportunidad cuando ellos se encontraron en una fiesta, el rey ordenó grabar sobre el respaldo de una silla la siguiente inscripción: “El dueño de esta silla tiene el derecho de ser besado por cualquier dama que se siente aquí”. En presencia de la reina y otras damas de honor, Enrique sentó a Ana Bolena sobre la silla y la besó.
Después de eso la relación entre Inglaterra y la iglesia católica cambiaría para siempre. Enrique le pidió al Papa por un dispensa para conseguir su divorcio de Catalina. Enrique decía que nunca había estado casado con Catalina porque ella había sido la esposa de su hermano. Él solía citar versículos de la Biblia para justificar su pedido.
En el año 1553 el arzobispo de Canterbury anuló el matrimonio entre Enrique y Catalina. La reina murió tres años después. Se decía que la reina murió de pena. Enrique no asistió a su funeral.
IV
Ana Bolena nunca tomó el lugar de Catalina en el corazón de los ingleses. Ana Bolena estaba embarazada cuando fue coronada. Pero el pueblo no la amaba. Ella fue la reina de Inglaterra durante sólo tres años. Enrique VIII se había convertido en un tirano gordo de muy mal carácter. Su mortal ira y su excesivo orgullo lo hicieron muy impopular. El embajador francés dijo que no había ninguna cabeza tan valiosa que el rey de Inglaterra no pudiese cortar. Enrique era también impopular en Irlanda y en Francia.
Enrique luchó sin éxito contra Francisco I, el rey de Francia. A causa de su fracaso hecho a todos sus embajadores porque el pensaba que ellos fueron los responsables. Pero Enrique, temiendo las represalias de Francisco, decidió fortificar las estructuras defensivas del Castillo de Leeds, haciendo arreglar sus torres y sus troneras. El castillo quedó más grandioso; sin embargo sus días felices habían terminado.
Ana Bolena odiaba a los cisnes - que nadaban en el estanque del Castillo - y las aves salvajes - que vivían en el bosque circundante. Ella ordenó matar a los cisnes y poner a los pájaros en jaulas. Nadie amaba Ana Bolena. La llamaban “El Cuervo Negro”. Enrique habia esperado por ella seis largos años, pero él ya no la amaba más. El ya la veía a ella como una mujer caprichos y molesta.
Ana fue acusada de infiel. Para empeorar las cosas ella no pudo darle un heredero varón al rey. Sólo dio a luz una niña, la futura reina Elizabeth I. De cualquier manera su destino estaba determinado. En la primavera del año 1536, después de haber dado a luz a un niño muerto, Ana Bolena fue arrestada y enviada a la Torre de Londres.
A más de ser considera infiel se la acusó de adúltera. Su hermano y cuatro nobles fueron acusados de haber tenido sexo con ella. Todos ellos fueron decapitados. Enrique hizo llamar a un espadachín francés para evitar que la reina fuese ejecutada por el corte de un hacha blandida por un verdugo común. En la Torre Ana Bolena ensayó como dirigirse al cadalso e inclinarse enfrente de su ejecutor. El 19 de mayo de 1536 Ana Bolena fue decapitada.
V
Jane Seymour fue la siguiente esposa de Enrique VIII. El matrimonio fue muy breve. Sòlo duró un año. Ella falleció a causa de complicaciones post-parto cuando dio a luz a Eduardo, el único hijo varón de Enrique, heredero al trono inglés.
Otra vez viudo. El rey no debe estar sólo. Es política de estado que el rey esté casado. Thomas Cromwell, su ministro, arregló el matrimonio de Enrique con la princesa Ana de Cleves. El casamiento se llevó a cabo pero nunca se consumó. El regio esposo no gustaba de su consorte. Él la llamaba “la Yegua de Flandes”. En meses el matrimonio fue anulado. Catherine Howard , la prima de Ana Bolena, fue la quinta esposa de Enrique. Él la amaba pero ella, muchos años más joven que él, le fue abiertamente infiel. En el año 1542 ella fue decapitada – como su prima Ana – después haber pasado un tiempo prisionera en la Torre. Dieciocho meses después Enrique contrajo matrimonio con una dama de la nobleza inglesa, Catherine Parr, quien fue más su enfermera que su esposa. En menos de un año Enrique fallecía. Tenía solo 55 años.
De alguna manera Enrique pudo conseguir su deseo: un heredero al trono. Eduardo, hijo suyo y de Jane Seymour sería coronado como Eduardo VII. En su lecho de muerte Enrique creía que su dinastía continuaría por largo tiempo, pero estaba equivocado. Eduardo era un niño enfermo y moriría cuando tenía solamente dieciséis años.
VI
El Castillo de Leeds no pertenecería a la corona inglesa nunca más. En el siglo XX, el castillo estaba en ruinas. Pero gracias al amor de una dama, Lady Olivia Bailey, propietaria del castillo éste renacería de sus cenizas, como el Ave Fénix.
Lady Olivia era una aristócrata anglo-americana. Ella compartía la sangre regia de Enrique VIII por ambos lados de su familia. Ella era la respetable “Reina del Castillo de Leeds del siglo XX”. En el año 1926 ella decidio hacer restaurar el castillo para convertirlo en una de las más famosas majestuosas casas en Inglaterra. En las décadas de 1920 – 1930 hubieron fiestas otras vez en el otrora “Castillo de las Damas”. Hubieron invitados famosos tales como Sir Charles Chaplin, Errol Flynn, James Stewart, Noel Coward, Somerset Maugham, el príncipe de Galés.
Entre las obras maestras de pintura y mobiliario que alberga el Castillo, se puede mencionar una escalera del siglo XVI traída desde Francia, cuyos escalones están hechos de roble y la balustrada sirve de pedestal a la figura de Eduardo I, el primer habitante regio en Leeds. Lady Olivia falleció en 1974. Pero antes de su muerte ella transfirió la propiedad del Castillo al pueblo británico para siempre. Como muestra de gratitud hacia Lady Olivia, sus colores ondean sobre el asta principal del castillo, unidos a los colores de la Primer Reina y Gran Dama de Leeds, la Reina Leonor de Castilla.
Leeds ha sido, es y será el Castillo de las Damas por siempre.
Bibliografia
Taylor, Henry O. The Medieaval Mind. 2 vols. New York, 1927
domingo, 18 de octubre de 2009
The Ladies's Castle
I
Once upon a time it was a privilege to live in Leeds Castle.
Let's know the narrative about the British Royalty's love and treason inside Leeds's Walls.
During centuries the Northern Kentish country, next to the British coast, appealed to numerous invaders. In the V Century, the Saxons drove out the Romans who had lived there from before Christ. Then the Saxons were the Normans’ victims. In 1150 a Norman Baron destroyed a Saxon’s residence and had a fortress built that was protected by an artificial lake. Thus it was the birth of the magnificent Leeds Castle.
Six Medieval Queens would reside at this fortress which was given to them as their dowry. Leeds would be known as The Ladies’ Castle. At the very beginning Leeds Castle looked solid and austere like a warrior, though.
During five turbulent centuries Leeds Castle was one of the Royal Family's Residences.
Top security was the "order of the day". As a protective measure the main part of the Castle was fortified according to the Medieval Standards of Beauty. The Royal Apartments were placed at the Homage Tower, which was connected with the main building through a passage under a stony bridge. Lord Congreve, the very well known historian, said that that singular combination of stone and water was wonderful because of its varied splendour.
For the Great Ladies that had Leeds as their home, the castle was the promise of lasting matrimonial happiness. Only one of them could achieve her dreams: the Spanish Leonor of Castile, whose colour waves on the pole on the main tower of Leeds Castle. She was the first Lady of the Castle. Leonor was given the ownership of the Castle when she got married to Prince Edward, the eldest son of Henry III, who would become King Edward I, the “Longshanks”.
At the age of 15, Edward travelled to Spain with his mother and was married at Las Helgas in October 1254 to the Infanta Leonor, daughter of King Fernando III, King of Castile and Leon. From that moment onwards the couple was inseparable for the rest of their joint lives.
Leonor gave the warmth of her feelings to the cold fortress and she made Leeds Castle into a residence deserving of a King. The marriage between Leonor and Edward was an arrangement with the purpose of consolidating an alliance between Spain and England. Nevertheless Leonor and Edward fell in love one another immediately. Their love lasted all their lifetime. From that time the mantelpiece of the chimney placed in the Queen’s Gallery reminds the Anglo-Spanish alliance.
When Edward went to the Seventh Crusade, Leonor's love suffered an endurance test. She left her children to be cared by other people and joined to Edward in his dangerous mission. She said that nothing would separate what God had joined. It was in Syria during the Holy War when Leonor saved Edward’s life by sucking the venom from a wound he received from a poisoned arrow. From that moment, because of her courage, the beauty Spanish brunette was known as Leonor the Faithful.
Edward was full of pride, love and thanks towards his wife. He decided to honour Leonor by beautifying Leeds Castle. He had Leeds Castle added many of the buildings that became it into the Fabulous Ladies' Castle. He made the main building and the Homage Tower renew. To protect both of them he made a solid wall build from whose watch-towers arrows could be shot by the archers. Finally Edward had the size enlarged and added a dike. This dike could be opened to flood the valley in case of danger.
At Leeds the Royal couple spent their happiest days and raised a family in an excellent conjugal harmony, which was not very common in the royalty.
The ending of the happiness was in the year 1290. Queen Leonor died. Leeds Castle mourned for the dead Queen. Edward I was downhearted and didn't enjoy living in the court any longer.
Deeply sad, he wrote: "My heart is mourned. If I loved her while she was alive, I couldn't stop loving her now she is dead". The disconsolate King had a chapel built where four monks and a cleric said Mass each day in memoriam Leonor's soul.
II
The next English Queen who received Leeds in her dowry was CatherineValois, youngest daughter of the mad French King Charles VI. The marriage between Henry was included in France's surrendering treaty of Troyes after his total victory against France in 1415. She got married to Henry V Monmouth at Troyes on June 2nd, 1420. This type of marriage between the royalties was common during the Middle Age. Some of them were successfully, others the exact opposite. The couple's initials joined by a true-lover's knot all around the Queen's bedroom can be seen up to our days. Nevertheless, he was not the great love of Catherine.
Shortly after receiving Leeds, Catherine had a clock and a bell installed, which are the most ancient in England. Henry died after only two years of marriage. It was on 31 August 1422. He was 35.
It was in the Leeds’ Gardens where a romance blossomed out between the young widow Queen and a young handsome Welsh gentleman, Owen Tudor, who was the keeper of the Royal cloakroom. Catherine and Owen got married secretly and unbelievably they had five children before being discovered and sent to prison. From them the Royal House of Tudor sprang. The first Tudor King was Henry VII and then his son, the most famous husband in the history. Henry VIII.
Living in Leeds Castle was not a privilege for the ladies any longer when Henry VIII was King of England. It became pain and tragedy for Henry VIII’s wives.
III
The War of the Roses had finished. The new King was a balsam for the wounds suffered by Lancastrians and Yorkists. Henry VIII was the principal heir of both Houses and the Second Tudor King. He was a Renaissance Prince: handsome, stout, good athlete, learning on languages and theology. He had musical talent. His fate was a Royal one. He was not the first but the second son of the King. After the death of his elder brother's and father's deaths, he was crowned King of England and took all the Royal properties, among them, the amazing Leeds Castle.
At that time, Catherine of Aragon was the most important for Henry. She was his late brother's widow. Catherine was the daughter of the Spanish Catholic Monarchs Ferdinand and Isabella. Leeds was again the cradle of a Royal couple's love.
Henry decided to make Leeds beautify for the sake of Catherine, who he got married to two weeks after being crowned, on June 11th, 1509. Henry had his best friend Sir Henry Wilfort add a second floor, rebuild the main Entrance Hall and the stairs. Stained glasses faced the central arbour and beautified the rooms. Henry decided to put up the "Lady's Maid's 'Tower" place where they were supposed to live in.
One of those ladies would be very soon responsible for changing the British History course.
Catherine of Aragon's time was the “Golden time” for Leeds. Catherine was deeply fond of her young husband and Henry seemed to be prepared for grandiosity. British people adored their King. Life in Court was rich and varied and there always were masked balls and tournaments between Henry and the noblemen. These tournaments were competitions of courage and fighting skill by using the sword, the spear, the long bow.
The Noble fighters gave honour to their Lords and Ladies. Henry VIII toured the country to attend tournaments and masked-ball parties. Henry was a clever warrior and his greatest was, after defeating his opponents, to bow down before them, take his helmet out and reveal his identity.
But in 1527 the King started revealing his true personality. Catherine only could give him a daughter, Mary, in spite of six pregnancies. Henry got worried because of the stability of the Tudor dynasty without an heir. His flirts and the existence of an illegitimate son were known by his subjects. At that time he was infatuated to Jane Boleyn. Jane and her sister Ann were ladies of honour at Catherine's court. Henry left Jane to give his attentions to Ann. They met themselves at a party. Henry felt a deep whim for Ann Boleyn. The King had ordered to make a chair that bore the following inscription: "The owner of this chair has the right to be kissed by any lady who sits here". In presence of the Queen and other courtesans, Henry sat Ann Boleyn on the chair and kissed her. After that the relationship between England and the Catholic Church would change forever.
Henry asked the Pope for a dispensation to get his divorce from Catherine. Henry said that he had never been married to Catherine because she had been his brother's wife. He used to cite verse from Leviticus.
In 1533 the Archbishop of Canterbury annulled the marriage between Henry and Catherine. The Queen died three years later. It was said the Queen died of grief. Henry didn't attend the funeral.
IV
Ann Boleyn never took Catherine's place in the British's heart. Ann Boleyn was pregnant when she was crowned. But the people didn’t love her. She was Queen of England for only three years. Henry III had become a fat and bad-tempered tyrant. His murderous anger and excessive pride made him very unpopular. A French Ambassador said that there was no so worthy head that the King couldn't have cut. Henry also was unpopular in Ireland and France. Henry fought unsuccessfully against Francois I, the French King.
Because his failure Henry dismissed all his ambassadors because he thought they were the responsible. But Henry feared Francois's reprisal; he decided to fortify the defensive structures of Leeds by arranging towers and embrasures Leeds was more grandiose yet but its happy days had ended.
Ann Boleyn hated the swans that swam in the Castle pond and the wild birds that lived in the forest surrounded it. She ordered the swans to be killed and the birds to be put in cages. Nobody loved Ann Boleyn. She was called Ann "The Black Raven". Henry had waited for her during six long years, but he didn't love Ann Boleyn any longer. He thought she was troublesome and whimsical.
She was accused of unfaithful. To make matters worse she could not give an heir to the King. She only gave birth to a girl, the future Elizabeth I. Her fate was determined. In the spring of 1536, after having given birth to a dead child, Ann Boleyn was arrested and sent to the Tower of London.
She was accused of adultery. Her brother and four noblemen were accused of having sex with her. All of them were beheaded. Henry had called for a French swordsman to save Ann from being executed by a simple axe. In the Tower Ann Boleyn practised how to go to the scaffold and bend in front of the executioner. On May 19th, 1536, Ann Boleyn was beheaded.
V
Jane Seymour was Henry VIII's next wife during a year. She died because of complications when she gave birth to Edward, the only male heir to Henry VIII. The King had not to be alone. Thomas Cromwell arranged Henry’s marriage to Ann de Cleves. But Henry disliked her. He called Ann "The Mare of Flanders". In less than a year the marriage was annulled
Catharine Howard, Ann Boleyn’s cousin, was Henry's fifth wife. Henry loved her, but she was unfaithful and in 1542 she was beheaded after having been a time in the Tower.
Eighteen months later Henry got married to Catherine Paar, who was his nurse rather than his wife. Within a year Henry died.
But in a way Henry had achieved his desire: an heir. Jane Seymour had given him a son, Edward, who would be crowned as Edward VII. In his deathbed Henry believed his dynasty would continue long time, but Edward was a sick boy and he would die when he was sixteen.
VI
Leeds would not belong to the British Crown any more. In the 20th, C. Leeds was in ruins. But thanks to Lady Olivia Bailey's love, the owner, Leeds would reborn, like the Phoenix, among its ashes.
Lady Olivia was an Anglo-American aristocrat. She shared Henry VIII's blood from both sides of her family. She was the worthy “20th.Century Queen of Leeds Castle”. In 1926 she decided to have the Castle restored to become Leeds one of the most famous stately homes in England. In the twenties there were parties again. The guests were from Charles Chaplin, Errol Flynn, James Stewart, Noel Coward, Somerset Maugham, the Prince of Wales.
Nowadays there are also pictorial masterpieces. There is a 16th century stair brought from France whose steps are made of oak and the banister bears the figure of Edward I, the first Royal inhabitant in Leeds.
Lady Olivia died in 1974. But before her death she transferred Leeds to the British people forever. As a sample of gratitude to Lady Olivia, her colours wave on the main pole of the Castle, joined to the colours of the First Queen and Great Lady of Leeds: Leonor of Castile.
Leeds has been, is and will be the Ladies’ Castle for ever.
Bibliography
Taylor, Henry O. The Medieaval Mind. 2 vols. New York, 1927
sábado, 3 de octubre de 2009
Amoresd Reales
Eleanor of Aquitaine
Víctima de las Noches Orientales
En Provenza nace la dama y, con ella, la sociedad cortesana y el amor cortesano. Provenza es la tierra de Eleanor de Aquitania , nieta de aquel primer trovador, Guillermo de Poitiers.
Eleanor de Aquitania & Louis de Francia
Qué pareja tan despareja forman Louis y Eleanor. Louis, es un débil joven rubio, de ojos azules, no muy agraciado. De acuerdo a los cánones de la época, como el hijo más joven, ha sido educado en un monasterio pues su destino es seguir el camino eclesiástico. Un instruido y excepcionalmente hombre devoto, Louis está mejor preparado para la vida monacal que para la vida real. Él se convierte en heredero al trono de Francia inesperadamente después de la muerte accidental de su hermano mayor, Felipe, en 1131.
Eleanor es una adolescente vivaz, enamorada del amor y atraída por los paladines que pululan por las cortes. Precozmente enamorada de su tío Raymundo, sufre horrores cuando éste es parte hacia Antioquia en misión militar. Pero es una hija obediente. Respetando el deseo de su padre moribundo, Eleanor se casa el 22 de julio de 1137, con Louis de Francia El Joven - segundo hijo del rey de Francia, Louis El Gordo y de Adélaide de Maurienne - cuando apenas tiene 15 años.
Una vez celebrado el casamiento en Burdeos, el serio y flemático príncipe vuelve a sus viejos intereses religiosos. Eleanor, ya princesa de Francia Eleanor es su reina.
En 1137 la reina del sur, joven y vital, llega a un París que es arcaico, bárbaro y primitivo comparado con el mundo rico y lujoso de las ciudades de Aquitania.
En aquél Paris, los reyes ocupan el ala occidental de un oscuro palacio, en cuyo extremo oriental está la sede del arzobispado. No muy lejos se encuentran algunas iglesias viejas, estrechas y oscuras, la casas de los judíos y el barrio de los estudiantes. Enfrente, en la orilla izquierda del Sena, se hallan las escuelas. La vida es ruidosa y agitada. Es mucha la suciedad, la basura y por consiguiente, las enfermedades.
Apenas instalada en Paris, la flamante reina impone poco a poco los temas de los trovadores y las costumbres galantes de su amada Aquitania. Tiene la frescura de la juventud, la insolencia de la belleza y la independencia que le brinda la cuantiosa fortuna heredada de su difunto padre. Se regodea ante la pacatería de las matronas de la época y se place con el entusiasmo de las jóvenes de su séquito mientras retoza seduciendo a jóvenes caballeros de la corte.
Así en poco tiempo las esposas de los grandes señores comienzan a llevar una vida de grandes lujos entre sus damas de honor, sus pajes y sus trovadores. Los trovadores son juglares instruidos e inteligentes, capaces ellos mismos de escribir sus canciones en lugar de copiarlas de otros. Algunas veces el rey Louis VII tiene asomos de poeta, aunque lo más corriente es que asista a estas diversiones con aire indiferente o irónico. Es en estas reuniones, digamos cortes en miniatura, que Eleanor desarrolla, esencialmente por juego, primero la concepción y más tarde el verdadero código del amor cortesano.
La doctrina del Amor Cortesano.
El enamorado, joven, hermoso, rico, de buena cuna, se halla ligado a su amada por obligaciones que recuerdan las del vasallo hacia su soberano.
Debe servirla dócilmente, sin esperanza de recompensa y, si es preciso, morir por ella. El enamorado es discreto y no se delata más que con las miradas, la timidez y el rubor; no declarará su amor sino en el caso de que la dama le anime a ello. Es una pasión intelectual que no busca necesariamente la satisfacción de los sentidos.
Eleanor, mujer total, dictamina que ese amor debe elevar el alma del hombre que lo experimenta, dar a su vida un por qué y conducirlo a realizar las más locas tareas. En cuanto a la dama, basta con que haya concedido algunos minutos de conversación, una sonrisa, o algún objeto de uso particular.
Por otra parte, la dama suele no ser libre para conceder otros favores, ya que está casada (esta es la situación de Eleanor, casada con Louis VII); además, este amor cortés, como los poetas se encargan de aclarar, no puede existir entre marido y mujer, quienes tienen que concederse por obligación aquello que de otra forma sólo llega a obtenerse, eventualmente, haciendo méritos durante largo tiempo.
Las normas del Amor Cortesano son un Código tan elaborado como los jardines en donde los enamorados galantean a su dama. De acuerdo con las normas, el romántico caballero debe ser, ante todo, cortés. Por mucho tiempo que la dama le niegue sus favores, él debe seguir cortejándola sin desmayar.
De tal manera se crean las Cortes del Amor, que ciertamente no son tribunales. Eleanor ha elaborado de tal manera la trama de esta doctrina que la misma se presta a intrigas largas y complicadas, a discusiones casi jurídicas, siendo lo esencial en cada caso, saber quién tiene la razón, si el enamorado o la dama. Cuando un debate amoroso llega a ser demasiado arduo, Eleanor establece que debe convocarse a una gran dama, a veces incluso a la propia Reina (ella en este caso), para que actúe como árbitro. Ésta responde por escrito explicando, de mil maneras, los motivos de su decisión.
Cuando Eleanor, después de unos años, se traslada a Poitiers - tierra de su abuelo y que ella ha heredado – convierte a su corte en lo que puede llamarse Escuela Superior del Arte Cortesano dentro de la vida de toda la Europa occidental. Futuros reyes y reinas, duques y princesas se forman según el modelo impuesto por esta excepcional mujer, y hacen luego de sus cortes copias de las de ella. Eleanor ha sido la primera y más grande reina, mujer fuerte y apasionada que perdura en el recuerdo, rodeada de un aura de gloria y de lujuria.
Quien y cómo era Eleanor de Aquitania
Eleanor de Aquitania nació alrededor del año 1122. Falleció el 1º de abril de 1204 a la edad de 82 años en tierra francesa. Fue la reina consorte de dos de los más poderosos monarcas del Medioevo: Louis VII de Francia (desde 1137 a 1152) y de Enrique II de Inglaterra (desde 1152 a 1204). Aunque Enrique murió en 1189, ella conservó su título de reina consorte hasta su muerte.
Eleanor, bella adolescente de 14 años, poseía unos ojos verdes de tal magnetismo que los caballeros que la miraban se sentían fuertemente emocionados y algunos trovadores le habían dedicado ya ardientes versos, cosa que encantaba a la adolescente pues ella también empezaba a tener en cuenta a los hombres con mal disimulado interés.
Lejos estaba Eleanor en pensar en casarse a tan temprana edad. Pero una mañana del año 1137 la joven fue informada de la muerte de su padre, el duque Guillermo III de Poitiers, duque de Aquitania, uno de los más poderosos caballeros de Francia.
Encargado de dar tan triste noticia fue Godofredo III, arzobispo de Burdeos. También el eclesiástico dijo a la ahora joven duquesa que Guillermo de Poitiers, temiendo que su ducado fuera presa de algunos ambiciosos barones, había mandado embajadores a Ile-de-France, con objeto de pedir al rey Louis VI protección para sus herederas Eleanor y Alicia, su hermana menor. Además el duque había rogado a los embajadores que comunicaran al rey que su último deseo era casar a su hija mayor, Eleanor con Louis el Joven, hijo del rey francés.
La adolescente palideció al saber los deseos de su padre. Casarse con un hombre del Norte le daba miedo, pero la idea de convertirse en el futuro en reina de Francia le agradaba sobremanera. En cuanto a Luis VI, el Gordo, éste fue muy feliz cuando se enteró del deseo de Guillermo de Poitiers. Casar a su hijo con la poderosa heredera de Aquitania era un gran negocio, no obstante que los territorios serían siempre propiedad de Eleanor.
Así, unas semanas más tarde el heredero de la corona llegaba a Burdeos. Tenía 17 años, una hermosa cabellera rubia, ojos azules y un aire candoroso. Eleanor se sintió complacida. Le sonrió y sus ojos verdes brillaron de tal manera que el príncipe se sintió conmovido. Fue un flechazo de amor por ambas partes.
Al día siguiente se celebró el matrimonio en la basílica de San Andrés en Burdeos.
Inmediatamente después de la ceremonia, los jóvenes esposos partieron para Paris donde los esperaba Louis VI.
Se dice que su noche de bodas no fue en Burdeos después de la ceremonia, sino en algún lugar del camino hacia Paris… Pero, desgraciadamente, el joven Louis no tenía ninguna experiencia. Eleanor tuvo que insistir y él demostró ser un mezquino amante.
Bella, caprichosa y adorada por Louis, Eleanor ejerció considerable influencia sobre él, incitándolo a emprender peligrosas aventuras. Desde 1147 a 1149 Eleanor acompañó a Louis en la Segunda Cruzada. La conducta de la reina durante esta expedición, especialmente en la corte de su tío Raimundo de Poitiers en Antioquia, despertó los celos de Louis y marcó el comienzo del distanciamiento de la pareja.
Eleanor era una mujer fuerte que pudo afirmar su independencia debido a sus posesiones territoriales y la cuantiosa herencia recibida de su padre; pero después que se conocieron las aventuras de Eleanor durante la Segunda Cruzada, la Iglesia oficialmente descorazonó a las mujeres gobernantes de hacer votos de ir a las Cruzadas. Sin embargo las mujeres continuaron acompañando a los hombres a las guerras, como la hermana y la esposa de Ricardo Corazón de León hicieron en la Tercera Cruzada, pero ellas avanzaron en un forma privada. Las únicas mujeres que la Iglesia oficialmente aprobaba para la parte del ejército de los Cruzados eran las lavanderas. ¿Por qué las lavanderas? Ellas jugaban un papel vital lavando la ropa para prevenir los piojos de los cobertores, y eran mujeres normalmente demasiado viejas para ser una tentación para los hombres.
Eleanor víctima de las noches orientales
Louis VII era cobarde. Cobarde para amar y cobarde para luchar. Entonces, ¿cómo es que emprendió una aventura tal como la Segunda Cruzada?
Todo es explicable. Y esta gesta heroica del rey Louis VII de Francia tiene explicación.
Leonor había traído a su hermana Alicia, un año menor que ella, a la Corte de Francia.
La joven era graciosa y su sangre cálida. Bien pronto comenzó a mirar a los jóvenes condes que frecuentaban el palacio. Su aspecto de niña precoz sedujo al buen mozo de Raoul de Vermandois. Una noche ella fue a su habitación y se convirtió en su amante. El placer de los amantes fue tan poco discreto que nadie pudo dormir esa noche en el castillo.
Al día siguiente, el timorato rey llamó a Raoul y le echó una reprimenda por su comportamiento. Raoul un poco avergonzado, murmuró que se casaría con la ardiente Alicia. Pero Raoul estaba casado con Gilberto de Champagne… así que decidió repudiar a su mujer aduciendo que como eran primos su boda era un sacramento prohibido por la Iglesia.
Siendo esta historia pura invención, la misma no prosperó. Pero Eleanor deseaba que su hermana fuera feliz, así que ayudó a los amantes.
¿Cómo?
Dos meses más tarde, un concilio formado por amigos de Eleanor declaraba ilícita la unión de Raoul con Gilberta y aquél se casó con Alicia.
Pero Gilberta no era mujer temerosa. Se quejó ante su tío, Teobaldo de Champagne, quien enfurecido al ver como la Corte de Francia trataba a su sobrina, declaró la guerra a Louis VII. Hubo violentos combates entre los dos ejércitos. Louis VII sitió Vitry y, en un momento de furia, ordenó incendiar la ciudad. Mil trescientas personas murieron quemadas.
Al recobrar su sangre fría sintió grandes remordimientos por tal hecho. Como era un cobarde, Louis reprochó a Eleanor y a su hermana ser ambas el origen de esa guerra.
A su regreso a París, se confesó con San Bernardo, quien le sugirió como penitencia que fuera a combatir contra los infieles a Palestina. Louis decidió que Eleanor lo acompañara a Jerusalén.
¿Tan enamorado estaba de ella?
No, pero estaba celoso y conocía la fogosidad de la reina. Por lo tanto creyó prudente llevar a su mujer a Jerusalén. Pobre rey Louis, nadie le había prevenido sobre los desastrosos efectos de las cálidas noches de Oriente sobre las mujeres
…… …… …… …….
El 1 de junio de 1147 los reyes partieron hacia Tierra Santa, acompañados por numerosos caballeros. ¿Sólo caballeros? Eleanor de Aquitania, emprendió la cruzada al lado de su primer marido Louis VII de Francia escandalizando a Europa: llevó 300 de sus mujeres vestidas como las amazonas y mil caballeros de su ducado en los ejércitos de la Segunda Cruzada. Aunque ella insistió que las mujeres fueron solamente para "cuidar los heridos". Atravesaron Alemania, Belgrado, Bizancio, embarcaron en Efeso y en la primavera de 1148 llegaron a Antioquia. Raimundo de Guyena, tío de Eleanor, era el Príncipe de la ciudad. Recibió magníficamente a los soberanos en su espléndido palacio, y se mostró muy galante con su sobrina… Y la sobrina se estremeció al comparar el aspecto físico de su esposo con la de su tío Raimundo con su bella cabeza erguida, montando un caballo que parecía más grande que lo normal, y sus manos sobre el pomo de la silla. Raimundo era rey y guerrero, Louis era débil y cobarde.
El calor agobiaba a Eleanor de tal manera que no podía dormir de noche. Los afrodisíacos efectos del clima y la indiferencia de Louis, quien la había dejado dormir sola desde su salida de Francia, despertaron la naturaleza dormida de la reina de Francia.
En una de las tantas noches vigilia de Eleanor, un hombre entró furtivamente en su habitación.
¿Quién fue el misterioso amante que abandonó la real alcoba antes del alba?
¿Un infiel? ¿Un cruzado que no pudo resistir su deseo? ¿El tío Raimundo? ¡Misterio Sea como fuere, Eleanor tuvo a la mañana siguiente un aspecto tan radiante que despertó las sospechas del rey. De vez en cuando, el príncipe Raimundo tenía entrevistas particulares con su sobrina
Se dice que una noche Raimundo y Eleanor estaban hablando – quizá de los negocios que el tío tenía en Siria – muy cerca el uno de la otra cuando el rey entró de repente.
Los celos de Louis se potenciaron pues se sabía un marido engañado. La acusó de tener un comportamiento indigno de una reina. Más que eso, el comportamiento de Eleanor no era de una reina sino de una prostituta, le grita Louis al momento de ordenarle que lo acompañe de regreso hacia Jerusalén, viaje que harían de inmediato.
Eleanor no acepta la orden de su esposo y lo desafía abiertamente: ¿era más importante para Louis su comportamiento como reina que como esposa? ¿Era Louis más Rey que esposo?
Eleanor era antes que reina, mujer; Louis antes que hombre era rey.
Ella se siente mujer y como tal víctima de un hombre poderoso a quien ella ya no ama: el Rey. El Rey, Louis, le ordena salir de Antioquia junto con él. Ella se opone pero él no sólo ordena sino recrimina. Le grita que ella olvida muy fácilmente que es su esposa.
Este discurso de marido despechado despierta en Eleanor un sentimiento negativo. Se siente víctima de un poderoso y siente que aquello es una injusticia, ya que él le exige que ella sea su mujer cuando él desde hace tiempo ha olvidado ser su hombre
Por eso su reacción es cruel, impiadosa. Ella actúa cruelmente para neutralizar la crueldad de Louis, quien la calificó de mujer viciosa, hija de una familia de perros incestuosos. Este argumento le dio a Eleanor la respuesta capaz de dañar, asombrar y sorprender a Louis, que era la castidad en persona. Le dice que ellos eran parientes en un grado prohibido por la Iglesia y que su lecho era sacrílego.
El pobre rey palideció intensamente pues era muy respetuoso con las leyes de la Iglesia y sólo vio una salida: el divorcio. Solución que Eleanor aceptó de inmediato ya que ella se siente casada con un monje no con un rey
Después de la discusión, Louis y Eleanor volvieron a sus respectivas habitaciones. Esa noche fue una noche excepcional para Leonor: durmió sola, sin ninguna compañía masculina. Al día siguiente la pareja real, junto con sus tropas, dejan Antioquia rumbo a Jerusalén.
Eleanor extrañaba las noches voluptuosas de Antioquia y estuvo varios días sin hablar con su marido. Luego cambió de parecer y hasta le sonrió en Jerusalén. Louis, que estaba profundamente lastimado en su virilidad, aprovechó la ocasión para visitar a la reina en su cuarto. Ella lo recibió con los brazos abiertos.
Pero esa noche de placer no cambió las intenciones de Louis quien deseaba divorciarse de Leonor.
El Abad Suger, regente del reino en ausencia de Louis VII, era muy buen político. Cuando se enteró de los deseos del Rey pensó, asustado, que si los reyes se divorciaban, Eleanor recuperaría los territorios que había aportado como parte de su dote. Y para hacer las cosas peor, Eleanor sólo tenía 25 años, podría volver a casarse y con algún enemigo de Francia. Por lo tanto el Abad, dejando de lado sus escrúpulos religiosos, aconsejó al Rey que no se divorciara hasta su regreso a tierras francesas.
Louis decidió esperar y cuando la real pareja se detuvo en Roma, el Papa, prevenido por Suger, les dijo que entre ellos no existía problema de consanguinidad y su matrimonio era válido. Louis, quien estaba muy enamorado de Eleanor, se puso muy contento y celebró de inmediato una nueva boda. Esa noche puso tal esfuerzo en el lecho que después de algunas semanas se enteró que la reina estaba embarazada. Los cruzados volvieron a Francia y la reina dio a luz a una niña. Durante algunos meses fue una esposa modelo…
Pero Louis no fue un esposo modelo. Louis VII era un rey escrupuloso y piadoso. La corte de Rey francés era la más reluciente en el mundo occidental, Louis VII y su esposa Eleanor de Aquitania simplemente habían vuelto de la cruzada. Ellos lograron cumplir un sueño ambicionado por otros príncipes. Eleanor, de 28 años de edad era una belleza famosa quizá por ser la más bella de su tiempo.
Louis, su marido, se puso después de la cruzada más religioso y acético en su carácter, mientras que ella era cada vez más coqueta y ligera de espíritu. Su matrimonio no era fácil.
Eleanor dio a Louis VII dos hijas en 14 años de matrimonio, pero la ausencia de un heredero, un hijo varón hacía pensar a Louis que no sería mala idea replantearse la posibilidad de un divorcio. Su reino estaba antes que su matrimonio, su deber de rey estaba antes que su papel de esposo.
Virtudes muy meritorias en un gobernante, pero un tanto aburridas en un marido que, para colmo de males, era celoso. Eleanor aburrida y siempre empujada por su deseo de seducir y complacer – ó complacerse – cometió imprudencias con jóvenes señores invitados a palacio. Se mostraba tan frívola que nuevamente el rey sintió celos. Un día tuvo la certeza de que Eleanor tenía un amante, ¿o varios?
Louis, enojado, no habló con Suger sino con un grupo de obispos amigos suyos y enemigos de Suger. Estos obispos aseguraron al rey que había consanguinidad y que el matrimonio era nulo. A la muerte de Suger se reúne un concilio en Beaugency y en marzo 1152 se anuló el matrimonio.
Eleanor estaba en Blois y fue muy feliz cuando se enteró de la noticia Estaba harta de ese marido demasiado escrupuloso y piadoso, que pasaba sus días rezando y vigilándola. Además ella podría realizar su sueño: con algunos trovadores y algunas mujeres hermosas organizaría una corte de amor
De acuerdo a las costumbres feudales, Eleanor retuvo para ella las posesiones de Aquitania. Así es que la joven princesa, que poseía un tercio de Francia, tuvo muy pronto numerosos pretendientes. Para huir de ellos se refugió en su castillo de Poitiers.
El 18 de mayo de 1152 empieza otra historia para Eleanor de Aquitania. Pero esta historia será tema de una próxima entrega.
viernes, 25 de septiembre de 2009
Viejos Jóvenes
Viejos Jóvenes
Quienes han nacido después de la finalización de la Segunda Guerra Mundial – conocidos como “baby-boomers” - pertenecen a las más venturosas generaciones. Es que al culminar la primera mitad del siglo XX el mundo entero desechó conformidades y rituales antiguos para dar libertad a las nuevas generaciones para que en nuevas filosofías y acciones de vida que son las que hoy, en pleno siglo XXI, toda persona que atraviesa su sexta década de vida en más tiene el derecho de disfrutar. Así es que en esta sociedad del mismo modo que los jóvenes redefinen sus roles y su papel en ella, quienes transitan su tercera edad empiezan a reivindicar nuevas funciones con más fuerza que en el pasado.
Los jóvenes, en este mundo globalizado del siglo XXI tienen una apretada agenda en la búsqueda de su camino por la vida. Ellos van consumiendo sus mejores energías juveniles, ocupados en crecer, perfeccionarse en conocimientos, insertarse en la sociedad, ya sea por medio de un trabajo, un oficio, una profesión. Luego la formación de pareja y de alguna manera establecerse. Por eso al promediar la sexta década de vida es cuando se puede comenzar a vivir plenamente, poniendo en práctica toda la experiencia adquirida en el transcurso de la misma. Cada pérdida sufrida reporta una experiencia ganada. El sexagenario del siglo XXI tiene una vida mucho más enérgica y activa, sin las connotaciones de aislamiento o soledad que, en su más profunda ambivalencia, encierran las palabras vejez, ancianidad, senectud, senilidad, vetustez. Palabras éstas que deben ser eliminadas del glosario por ser negativas y discriminatorias.
Pero recordemos que muchas personas capaces, genios o no, pueden florecer temprana ó tardíamente; no importa a que edad comiencen a producir, lo que importa es que podamos hablar de su producción más allá de su edad. Las artes, las ciencias, el mundo de los negocios nos dan infinidad de ejemplos. Es decir que cuanto más fértil sea una persona después de haber llegado a su sexta década de vida, más feliz será su ella en su tercera y cuarta edad.
Vamos a hablar sobre Giuseppe Verdi, una emblemática personalidad que a partir de su sexta década de edad culminó su obra de vida con la misma fuerza que tenía cuando su juventud.
Verdi, viudo desde largo tiempo, contrajo un segundo matrimonio con Giuseppina Strepponi, ex cantante de ópera y vieja amiga suya, cuando el compositor estaba promediando la cuarta década de existencia. Verdi y Giuseppina obviamente estaban muy seguros de su relación. Y tan seguros estaban que su casamiento al final de la década de 1850, fue un evento tranquilo, como algo que había sido muy pensado durante la larga convivencia que tuvieron antes de pasar por el altar. El 29 de agosto de 1859 la pareja se unió en matrimonio en la parroquia de la iglesia de San Martín de una pequeña villa piamontesa.
Ellos convivían en un equilibrio del perfecto, no porque fuesen iguales, sino porque se complementaban. Peppina era de mente abierta y tenía un gran sentido del humor mientras que Verdi era más complicado, callado y sarcástico. Ella era diplomática, él podría ser violento. Ella era naturalmente franca y agradable, él era irónico y mordaz con un carácter bastante intemperante. Ella se manejaba bien con los idiomas mientras que él encontraba difícil comunicarse verbalmente en cualquier idioma que no fuese el italiano. El francés de Giuseppina era excelente al igual que su español. Ella tradujo para Verdi las obras sobre las cuales él se basó para componer Il Trovatore y Simon Boccanegra .
Su relación de cincuenta años fue de afecto mutuo y respeto – aunque a mediados de 1870 apareció el inevitable pelo en la sopa, lo que llamaríamos la crisis de la mitad de la vida en Giuseppe Verdi. Al mencionar “la crisis de la mitad de la vida de Verdi” a sus ya bien cumplidos 60 años, nos referimos a la mitad de su vida laboral. Obviamente de ninguna manera queremos significar que Verdi vivió hasta los 120 años.
Es en la década de 1870 cuando Verdi trabaja con la misma pasión de sus años jóvenes y produce obras maestras como el Réquiem, en memoria de Alessandro Manzini, el novelista más admirado por Verdi. En 1875, la Misa de Réquiem es interpretada en la Iglesia de San Marcos en Milán bajo la batuta del mismísimo Giuseppe Verdi quien ya cuenta con 62 años. En 1880,trabaja en la revisión de Simón Boccanegra, ópera compuesta y estrenada 23 años antes. Quiere rejuvenecer la ópera que creara cuando tenía 44 años ahora que él ya ha cumplido los 67. Y al cabo de seis meses consigue finalizar la revisión de Boccanegra. Además está dando forma, junto con Arrigo Boito, al libreto de Otello.
En 1884, a sus 71 años, Verdi comienza la composición de Otello, ópera que finalizará dos años más tarde, cuando ya tiene cumplidos 73 años. Un año más tarde estrena Otello en la Scala de Milán. Otello es considerada por muchos la más grande entre las óperas de Verdi. Verdi maneja la orquesta en Otello con maestría. Otello es una gran obra y su lenguaje nos resulta tan directo hoy como pudo resultarle al público milanés de hace más de un siglo. Otello es una obra de arte musical que es puro Verdi, no refleja la influencia de ningún otro compositor.
Y sigue luego con más trabajo y más ímpetu. A los 75 años compone “Laudi a la Vergine Maria”, la cual la publica como Nº 3 de “Cuatro piezas Sacras”. Un año más tarde – ya tiene 76 - es cuando compone “Ave Maria sulla scala enigmatica”. Y luego la divertida “Falstaff”, la única ópera digna de ser el broche final para un compositor de la talla de Giuseppe Verdi. Después de celebrar su septuagésimo séptimo cumpleaños dice que necesita cerrar su labor componiendo una ópera cómica, ya que “las bromas y risas de la comedia son un estimulante para la mente y para el cuerpo”. “Manos a la obra con Falstaff. Olvidemos los obstáculos, mi edad y los achaques”
Después de dos años de arduo trabajo teme por la conclusión de su obra. Temor que no es más que coquetería de viejo-joven-viejo zorro que a pesar de este discurso: “Cuando era joven, podía pasarme 10 o 12 horas en mi escritorio, trabajnado sin cesar, a pesar de mi mala salud. Más de una vez me ponía a trabajar a las 4 de la mañana y no paraba hasta las 4 de la tarde, tomando sólo una taza de café para mantenerme en pie. Ahora no puedo hacerlo. En aquellos tiempos, controlaba mi salud y mi tiempo. Ahora, por desgracia, las cosas no son así. Concluyendo: lo más conveniente ahora y en el futuro es decir no puedo y no haré la menor promesa en relación con Falstaff. ¡Pasará lo que tenga que pasar y como tenga que pasar!”
Termina de componer “Falstaff” a los 79 años Al comienzo de la octava década de su vida comienza a ensayar Falstaff, algunas veces hasta 8 horas diarias. El 9 de febrero de 1893 se estrena la ópera en la Scala de Milán. Desde su mismo estreno, Falstaff ha sido recibida con entusiasmo y con admiración; parece increíble que una ópera con un calor tan vital y un lirismo tan alegre haya sido obra de un octogenario. Octogenario que despide a su personaje Falstaff garabateando en la partitura de la obra
“Tutto é finito. Va, va, vecchio John”
Más aún
Tiene 81 años cuando compone la música para un ballet y hace algunos arreglos para el estreno de Otello en Francia. A sus 82 años comienza a componer el Te Deum que será publicado como el Nº 4 de “Cuatro Piezas Sacras”. A los 83 años trabaja en el “Te Deum” y “Stabat Mater”, el Nº 2 de ‘Quatro Piezas Sacras’.
Más no es la edad la que lo va a derrotar a este viejo luchador sino la vida en su inexorable andar. En 1897 Giuseppina, su amante compañera por 50 años e incansable apoyo a través de los más y de los menos de la vida, lo deja para siempre.
A partir de ese momento Verdi – con 85 años a cuestas – decide permanecer en su suite del Grand Hotel en Milán. Desde ahí supervisa la construcción de la Casa de Reposo, hogar de retiro para músicos pobres. Para este proyecto había comprado en 1889 un terreno en la ciudad de Milán. Y en 1899, con 86 años, funda oficialmente la Casa di Reposo.
Él ya había donado para la construcción de un nuevo hospital para los pobres jornaleros de granja y sus familias en Villanova, aunque en esa oportunidad contribuyó con dinero y en esta ocasión supervisó los trabajos.
Pero Verdi no sólo fue un “joven-viejo activo” en la faz laboral sino también lo fue en el aspecto sentimental. Giuseppina no sólo era una mujer muy inteligente y bien-educada, ella también era una mujer paciente y sabia, y capeó el temporal sentimental que provocó la tormenta creada cuando el afecto de Verdi hacia ella se convirtió en desamor. El sexagenario compositor se enamoró perdidamente de la soprano Teresa Stolz.
La soprano checa Teresa Stolz había actuado como solista en la representación del Réquiem de Verdi y en la mayoría de las interpretaciones efectuadas en Italia, así como en la gira por Europa. Había sido la amante del director Angelo Mariani y a sus 40 años era una mujer de gran atractivo. Había intimado con los Verdi y hubo rumores insistentes sobre la verdadera naturaleza de su relación con el compositor.
La Stolz ha sido descrita como una mujer intrigante y ambiciosa que había abandonado a Mariani por Verdi. Se decía de encuentros clandestinos de la “amorosa pareja” Verdi -Stolz en un lujoso hotel de Milán. El ya tenía 62 años, lo que es, según nuestros standards actuales el comienzo de la 3ª edad.
Giuseppina estaba al tanto de estos devaneos sentimentales y le escribió una carta comprensiva y amistosa a la Stolz.: “Nosotros te queremos. Tú lo sabes, lo crees y te alegras de creerlo. Puedes estar segura de que conservaremos nuestros sentimientos hacia ti el resto de nuestros días”.
Es imposible saber si lo que unía al compositor con la admirada soprano era un mero sentimiento romántico o algo más profundo. En 1864 la Stolz tenía 30 años cuando hizo su primera aparición en Italia, cantando en Il Trovatore en Spoleto y al año siguiente ella cantó triunfalmente la Juana de Arco de Giuseppe Verdi. Este fue el comienzo de la carrera de uno de las más requeridas cantantes en Europa. Su popularidad se acrecentó por haberse convertido en una de las favoritas cantantes de Verdi. Los encantos de la Stolz (19 años más joven que Giuseppina) provocaron los celos – no infundados – de la señora Verdi. El compositor, profundamente enamorado de Teresa la eligió como la primer soprano de Aída en Italia y luego para las premieres mundiales de Don Carlo y el Réquiem.
Debemos quebrar este momento sentimental echando por tierra la imagen romántica de don Giuseppe. Verdi amaba la buena mesa y era un buen cocinero. Como prueba de amor él no le enviaba a su “prima donna” favorita – la Stolz – flores o joyas sino recetas de comidas. Así luego del éxito en la presentación de su Misa de Requiem, le envió como prueba de amor y admiración un paquete conteniendo un pechito de cerdo y una carta con la receta secreta para preparar el plato.
“Mi querida te recomiendo que recuerdes los siguientes pasos para cocinar apropiadamente este pechito de cerdo. 1) Sumerge la carne en agua tibia durante 12 horas para remover la sal.
2) Luego ponlo en agua fresca y fría para hervir a fuego lento durante 3 horas y media, o quizá 4 si el pechito es muy grande. Tu podrás darte cuenta si está cocido pichando la carne con un escarbadiente. Si éste entra fácil eso significa que el pechito está cocido. 3) Déjalo enfriar en su propio caldo y luego sírvelo. Debes ser especialmente cuidadosa acerca de la cocción. Si la carne es demasiado dura no está bien y si está demasiado cocida la carne se volverá seca y fibrosa”.
Agotada, triste y desconcertada, Giuseppina salió de este tumulto emocional después de siete años de angustia e incertidumbre con su dignidad más o menos intacta, aun cuando la situación no fue resuelta completamente.
Una paz relativa, o más bien una tregua, volvió a la casa de los Verdi por 1877. La discreción es la palabra más adecuada para calificar a la situación. La correspondencia entre las dos mujeres durante el 'el ménage à trois' son una lección de retórica de comentarios oblicuos, amenazas veladas y apelaciones escasamente ocultadas. Después de 1877 sus cartas eran menos frecuentes y asumieron un tono diferente, casi fraternal, dándose consejos la una a la otra sobre vestidos y encajes, pieles y mobiliario.
Por más herida que Giuseppina hubiera estado durante ese tiempo terrible, ella siempre estuvo al lado de Verdi y nunca perdió su afecto profundo y amor por él. Es de hacer notar que fue en esa época cuando Verdi había mostrado un comportamiento muy desconsiderado hacia ella, siendo sus usuales momentos de silencio seguidos por violentos abusos verbales y psicológicos.
Ella seguía siendo su incansable apoyo, muy importante en los años maduros cuando la actividad de Verdi pareció crecer acorde a una creatividad inusitada que lo llevara a seguir con la revisión de Simon Boccanegra y el nuevos Otello y Falstaff.
Lo cierto es que la amistad de la Stolz con los Verdi no se interrumpió, y tras la muerte de Giuseppina, Teresa siguió siendo la amiga abnegada del compositor en su sus últimos años.
Giuseppina Verdi Strepponi se murió a Sant'Agata el 14 de noviembre de 1897. Una carta escrita a ella por Verdi cincuenta y un años antes, en 1846 - una carta que nadie alguna vez vio excepto el escritor y el destinatario - sería puesta sobre su corazón y se enterraría con ella, de acuerdo con su último deseo en su testamento.
Ella nunca consiguió que su marido dejara su posición agnóstica: no obstante sus últimas palabras a él fueron:
' Y ahora el addio, mi Verdi. Así como nosotros estuvimos unidos en la vida, pueda Dios reunir nuestros espíritus en el Cielo. '
Detrás este gran hombre estuvo esta gran mujer, por cierto. Giuseppina Verdi Strepponi reafirma el viejo adagio de que son pocas las mujeres que puedan compartir su vida con un genio creativo malhumorado y difícil como ella lo ha hecho.
El magnífico compositor falleció a los 88 años, para ser precisos el 27 de enero de 1901 en el Grand Hotel de Milán.
De entre la multitud reunida para dar el último adiós al músico que descansaría junto a Giuseppina en el cementerio municipal de Milán, se oyó una voz que comenzaba a cantar muy sosegadamente “Va, pensiero, sull’alli dorate”.
Al año siguiente – 1902 - Teresa Stolz, la “soprano para Verdi”, dejó de existir.
Tiempo después, Giuseppe, Giuseppina y Teresa fueron a dormir en paz a la Casa de Riposo, donde como en un cuento de hadas, el amor sobrevive a la muerte. El gran compositor duerme su sueño eterno junto a las dos mujeres que tanto lo amaron. Giuseppina a su derecha y Teresa a su izquierda.
Bibliografía:
DIGAETANI, John Louis: Invitación a la Ópera Javier Vergara Editor S.A. Buenos Aires. Argentina, 1989
OSBORNE, CH.: Verdi. Londres, Macmillan London Ltd.1978
